Suspenso en oratoria

No hay más que echar un vistazo al listado de las asignaturas escolares que se imparten en España. Ni en las troncales, ni en las optativas ni en las de libre configuración. Ni rastro de Oratoria o de Habilidades de Comunicación. Ni en Educación Primaria ni en Secundaria ni en Bachillerato y, salvo contadas excepciones, ni en la Universidad.

Todos los expertos coinciden en que hablar bien en público es una destreza que cuando se domina- y para ello es necesario practicarla-abre puertas. Tantas como se cierran por culpa de no saber gestionar el miedo escénico, de no estructurar bien el mensaje, de desconocer lo que comunicamos con nuestro cuerpo, en definitiva, por culpa de auto sabotearnos con esas creencias limitante a las que tanto recurrimos los españoles cuando tenemos que expresarnos delante de un auditorio. Desde la clásica “voy a hacer el ridículo” pasando por “me voy a quedar en blanco”, “no sé qué decir”, “esto no es para mí”, hasta la recurrente “van a darse cuenta de que estoy nervioso”.

Por descontado que también un buen número de anglosajones experimentan glosofobia, o lo que es lo mismo, ansiedad a la hora de hablar en público. Según datos del National Institut of Mental Health de Estados Unidos, esta fobia lidera el ranking de los miedos que confiesan tener los americanos, por encima incluso del pánico a las arañas, las alturas o la muerte. De momento no existe ningún registro de personas que hayan fallecido por culpa de hablar ante un determinado número de oyentes, a excepción del noveno presidente de los Estados Unidos, W. H Harrison, aunque en su caso el motivo no fue un paro cardiaco sino una neumonía provocada por no ir lo suficientemente abrigado mientras pronunciaba su discurso inaugural.

Situación EEUU

Sea como fuere, es muy común que afloren los nervios, muchos o pocos, al sentirnos observados e incluso juzgados por un público más o menos desconocido. Lo que no es normal, habida cuenta de que cada vez se valora más esta habilidad, es que sigan sin enseñarse en el sistema educativo español técnicas de oratoria. Lógico, por otra parte, si partimos de la base de que muchos profesores las desconocen y tampoco han recibido formación específica en esta materia. Los americanos nos llevan ventaja en esto. Desde bien pequeños los alumnos han de exponerse y exponer en clase. Con tal sólo dos años de edad participan en actividades como “Share and Tell” o “Circle Time”.

Lo sé de primera mano porque, durante los casi nueva años que viví en Estados Unidos, mis hijas tuvieron que explicar a sus compañeros qué habían hecho el fin de semana, llevar a clase su muñeco o prenda favorita, argumentar el porqué de su elección y someterse a sus preguntas. A medida que fueron creciendo, el grado de complicación fue en aumento. Desde comentar el último libro que habían leído y persuadir al resto de alumnos para que ellos también lo hicieran, hasta -con tan solo 8 años de edad- elaborar y pronunciar un discurso con el que convencerlos para votarla como delegada de todos los estudiantes de Elementary School. Y así es como casi sin darse cuenta los alumnos van incorporando destrezas comunicativas a su mochila de conocimientos. Practicando día tras día. Al llegar a la Universidad todos saben justificar su punto de vista, argumentar, replicar y tener un discurso estructurado y con sentido.

Oratoria en España

No es ningún secreto: en el sistema educativo español existe un abrumador déficit en este tipo de destrezas comunicativas. En la mayoría de los casos, sigue primando la adquisición de conocimientos y la capacidad de atender y asimilar conceptos a la de expresarse correctamente, debatir y razonar una idea, como ocurre en otros países. Por eso, una vez finalizan sus estudios, esta carencia ligada muchas veces a la falta de inteligencia emocional, queda al descubierto al incorporarse al mercado laboral donde más allá del currículo académico se premia el saberse vender, mostrarse seguro y confiado, negociar con éxito y seducir con la palabra.

Conscientes de esta realidad, cada vez son más las escuelas que están llevando a cabo iniciativas para potenciar la oratoria entre sus alumnos. Desde grupos de debate hasta actividades extracurriculares en las que se enseña a los chavales lo que se conoce como el arte de hablar con elocuencia.

Por supuesto queda todavía un largo camino que recorrer, pero no hay ninguna duda de que son muchas las razones por las cuales los niños y jóvenes de hoy en día deben de aprender a expresarse correctamente en público. La primera de ellas -y para mí la más importante- reside en que se liberan de los miedos que les impiden defender sus propias opiniones y se dan cuenta de que lo que tienen que decir es tan importante como el punto de vista de cualquier otro. Gracias a la oratoria, fortalecen su autoestima al tiempo que desarrollan su capacidad de escucha, de asertividad y de liderazgo. Aprenden a expresarse correctamente con su voz y a reconocer que transmiten con su cuerpo, dos de las herramientas más poderosas con las que cuenta un buen orador. Luego ya vendrá la técnica, el dominio del vocabulario o conocer qué tipo de discurso es el que mejor se adapta a la situación.

Si el fin último de educar consiste en desarrollar el potencial de cada uno de los alumnos y ayudarles a cultivar y mostrar su mejor versión, no se puede obviar la importancia de que aprendan a expresarse, argumentar sus conocimientos y cautivar públicamente con convicción y firmeza. En eso consiste la oratoria. Algunos centros educativos ya están comprobando cómo impartir esta asignatura es apostar por caballo ganador. Supone ofertar una materia que lamentablemente hoy en día pocos dominan, pero marca la diferencia hacia el camino del éxito, porque lo queramos o no, somos lo que comunicamos.

Susana Fuster, periodista. Máster en Comunicación no Verbal, coach de comunicación y experta en oratoria.

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