El Papa reclama un pacto educativo global contra el «desánimo» de la pandemia

El Papa Francisco hizo este jueves un llamamiento a impulsar un pacto educativo global en un momento de “desánimo y desconcierto” como el generado en todo el mundo por la pandemia del coronavirus.

Así se expresó el Santo Pontífice en un videomensaje difundido con motivo del encuentro promovido y organizado por la Congregación para la Educación Católica “Global Compact Education. Together to look beyond”, que tiene lugar en el Aula Magna de la Pontificia Universidad Lateranense.

“En la historia”, dijo, “hay momentos en los que es necesario tomar decisiones fundamentales, que no sólo dan una impronta a nuestra forma de vida, sino sobre todo una determinada posición ante posibles escenarios futuros”.

Por ello, en la actual situación de crisis sanitaria (…) “consideramos que es el momento de firmar un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad”.

Para el Papa Francisco, en la actualidad se requiere la parresía necesaria “para ir más allá de visiones extrínsecas de los procesos educativos, para superar las excesivas simplificaciones aplanadas sobre la utilidad, sobre el resultado —estandarizado—, sobre la funcionalidad y la burocracia que confunden educación con instrucción y terminan destruyendo nuestras culturas”.

“Más bien”, agregó, “se nos pide que busquemos una cultura integral, participativa y multifacética” ante la que, afirmó, “necesitamos valentía para generar procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros”. Pero también, añadió, “la audacia para recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad”.

En este contexto, hizo un llamamiento “de manera particular a los hombres y las mujeres de cultura, de ciencia y de deporte, a los artistas, a los operadores de los medios de comunicación, en todas partes del mundo, para que ellos también firmen este pacto y, con su testimonio y su trabajo, se hagan promotores de los valores del cuidado, la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la acogida del otro y la fraternidad”.

El Sumo Pontífice subrayó que “los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico”, en relación con lo que advirtió que, “debido al confinamiento y muchas otras deficiencias existentes, muchos niños y adolescentes se han quedado atrás en el proceso natural de desarrollo pedagógico”.

Citando organizaciones internacionales que así lo han fijado, avisó del riesgo de que “aproximadamente diez millones de niños” puedan verse “obligados a abandonar la escuela a causa de la crisis económica generada por el coronavirus, aumentando una brecha educativa ya alarmante, con más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos de cualquier actividad educativa”.

Nuevo modelo cultural

Ante esta “dramática realidad”, prosiguió, “sabemos que las medidas sanitarias necesarias serán insuficientes si no van acompañadas de un nuevo modelo cultural”. Porque, en su opinión, esta situación extraordinaria de pandemia ha hecho incrementar la conciencia de que “se debe realizar un cambio en el modelo de desarrollo”.

“Conocemos el poder transformador de la educación: educar es apostar y dar al presente la esperanza que rompe los determinismos y fatalismos con los que el egoísmo de los fuertes, el conformismo de los débiles y la ideología de los utópicos quieren imponerse tantas veces como el único camino posible”, dijo.

Recordó el Papa que “educar es siempre un acto de esperanza que invita a la coparticipación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia en otra lógica distinta, capaz de acoger nuestra pertenencia común”. En este punto, comentó que si los espacios educativos hoy “se ajustan a la lógica de la sustitución y de la repetición; y son incapaces de generar y mostrar nuevos horizontes, en los que la hospitalidad, la solidaridad intergeneracional y el valor de la trascendencia construyan una nueva cultura, ¿no estaremos faltando a la cita con este momento histórico?”, inquirió.

“Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”, enfatizó.

Por tanto, estimó que “la educación se propone como el antídoto natural de la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia”. En tal sentido, significó que “nuestro futuro no puede ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento e imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua. Nuestro futuro no puede ser este”.

Por esta razón, apuntó, “hoy es necesario un nuevo periodo de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad. Escuchemos el grito de las nuevas generaciones, que manifiesta la necesidad y, al mismo tiempo, la oportunidad estimulante de un renovado camino educativo, que no mire para otro lado, favoreciendo graves injusticias sociales, violaciones de derechos, grandes pobrezas y exclusiones humanas”.

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