¿Por qué a los colegios les cuesta tanto cambiar?

Hace ya años que estudié el fenómeno del cambio en las organizaciones de la mano de Giorgo Nardone y Paul Watzalawick padres de la terapia estratégica. Aunque su enfoque era terapéutico y enfocado a lo personal creo que tiene su traslación al mundo de las organizaciones y por ende a los colegios.

Es cierto que cualquier organización tiene resistencia al cambio. Pero en la educación y en los colegios existen una serie de factores:

1.- La falta de rotación como una religión: el que no hubiera cambios en los equipos se ha vivido con un inconsciente orgullo de fidelidad de la plantilla al colegio. Pero nada más lejos de la realidad lo que ha venido a traer es mucha “grasa” de la mala. Y con esto no estoy en contra a que haya personas que dediquen muchos años de su vida a una sola institución, pero la rotación es muy sana para el colegio, para los alumnos y las familias.

2.- La identidad y la tradición como excusa: si bien la tradición de las escuelas tiene que respetarse, sin embargo, no puede ser el freno para no escuchar lo que está pasando en la sociedad, en el mundo empresarial, en la universidad y en general en la propia profesión del educador.

3.- La gestión impulsiva: la falta de planificación estratégica ha llevado a muchos centros a tomar decisiones de manera impulsiva. Y por eso hemos visto implantación de tabletas, de proyectos de bachilleratos de todo tipo, conversión de colegios españoles en colegios internacionales, sin más estrategia que la externa marketiniana.

Pero reinterpretarmos las cuatro herejías que presentan Nardone y Watzalawic en su obra central, aplicada al mundo educativo podemos decir que son:

Primera herejía: la definen como “el paso de los sistemas cerrados a abiertos, de la ortodoxia a la duda metódica”. Parece que ya es un requisito en los colegios pensar fuera de la caja, toda vez, que todos los modelos de negocio y de gestión están saltando por los aires.

Segunda herejía: “no es tanto el análisis profundo sino en cómo funciona y cómo se puede cambiar la situación”. Se requiere velocidad para incorporar los cambios, no escudándose en el análisis para la parálisis, sino haciendo cambios pequeños pero de impacto que noten alumnos, familias y toda la comunidad escolar.

Tercera herejía: “salir de la rigidez de la perspectiva conduciendo a otras posibles perspectivas que determinarán nuevas soluciones y realidades”. La rigidez solo trae la repetición de todo lo bueno y de lo no tan bueno. Pero en cualquier caso, solo genera movimientos circulares y no de avance. Y en la coyuntura que ahora estamos los colegios necesitan avanzar.

Cuarta herejía: “cambiar obrar y por tanto cambia el punto de vista”. Se han invertidos miles de euros en formación para cambiar el punto de vista de los maestros y educadores, incluso de los directivos. Pero donde hay que invertir es en el cambio en la forma de hacer las cosas. En este aspecto, la tecnología y la digitalización puede ayudar mucho a hacer ese cambio.

Así pues, si como directivos analizamos cómo están afectando esos tres factores al proceso de cambio del colegio podremos dar el paso a las cuatro herejías. Y es cierto, la educación necesita un movimiento de herejes que devuelva el protagonismo a la educación en la plaza pública.

Jaime Úbeda, director del Colegio San Patricio El Soto

Redacción
Author: Redacción

Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here