¿Por qué no me entienden?

comunicación del equipo directivo

Cuántas veces nos desesperamos porque no conseguimos mostrar a la sociedad, a nuestras familias, a nuestro equipo aquello que hacemos incansablemente día tras día en nuestro colegio. Cuántas veces queremos transmitir algo importante y no sabemos llegar como nos hubiera gustado…

Nuestra manera de comunicarnos, aquello que decimos y cómo lo decimos, se convierte en una luz concreta, con una intensidad concreta y enfocando a un lugar concreto, como los faros de los que tanto habla Ferran Ramón-Cortés en su libro La isla de los cinco faros y en el que me he inspirado para escribir este artículo.

Toda nuestra comunicación tiene un punto de partida: nuestro proyecto. Yo, emisor, que quiero transmitir algo concreto a alguien. Nuestro, a veces, tan complejo receptor. ¿Cuántas veces nos encontramos en situaciones que tenemos que liderar y en función de cómo lo transmitimos o las palabras que elegimos ese proyecto avanza o muere…?

Qué importante es que en el proceso de comunicación tengamos en cuenta cómo miramos a los demás. Estar más pendiente de las necesidades del que tengo delante que de las mías propias.

Qué importante es, también, entender que comunicar no es decir y que el otro escuche. Más bien es escuchar antes de decir; es decir y escuchar a la vez; es que diga y yo escucho. Comunicar es un proceso artístico que requiere de mucho más que de palabras.

Sé que a veces la presión de “otros jefes”, o de las familias, o de los propios resultados pueden llevarnos por el camino de la prisa en la ejecución, pero debemos aprender a tomar distancia de las cosas y objetivar de la mejor manera posible el camino de acción. A partir de ahí nuestra comunicación puede ser mucho más fluida y potente. Las prisas en comunicar alimentan el miedo a no llegar, y ese miedo potencia nuestra frustración por algo que ni siquiera ha sucedido aún…

Comunicar adecuadamente es armonizar ese siento-pienso-actúo del que ya hemos hablado otras veces. Y eso hay que entrenarlo día tras día, ya que ni siento igual cada día, ni pienso con la misma intensidad, ni mi voluntad está siempre igual de despierta.

Te invito a que te plantees la propuesta que te voy a hacer para conseguir un camino adecuado para ese momento en el que tengo que entusiasmar a mi equipo con un nuevo proyecto o a animar a personas concretas a que den más de ellos sabiendo que lo están dando todo por nosotros o a lidiar con esa familia que no quiere aceptar las dificultades reales y probadas de su hijo… ¿Por dónde empezar? Por algo aparentemente innecesario…

Buscar el lugar adecuado

Parece evidente, pero me doy cuenta de que no lo es para muchos directivos. En una comunicación es importantísimo el clima que genero a lo largo de esa conversación (por no decir del que hay antes de empezar), de ahí que me tenga que plantear el “dónde” quiero mantener esa conversación. ¿No os ha pasado nunca que habéis entrevistado a alguien, por ejemplo, y durante el rato de la entrevista, sentados, han salido temas muy “encorsetados” a causa del formato que usamos y, de repente, en el camino corto de la silla donde uno estaba sentado a la puerta de salida han salido temas o se han hecho comentarios en los que ves claramente aspectos de la persona importantes? A esto me refiero, el lugar adecuado no tiene por qué ser tu despacho, ni siquiera el lugar de trabajo. Piénsalo.

Observar con los ojos abiertos

Qué importante es remarcar que mientras hablo debo estar pendiente de todo lo que sucede a mi alrededor y no tanto de decir lo que quiero decir. Es fundamental observar aquello que sucede porque me da pistas y me permite enfocar de nuevo o ratificar en aquello en lo que estoy convencido.

Déjame que te plantee un caso: Imagínate que estás en ese momento de desarrollar tu plan de formación para familias y te sientas con tu equipo directivo y hacéis una lluvia de ideas sobre posibles temas y ponentes…, ¿es suficiente? ¿Crees que eso está cerca de las necesidades de tus familias o de las que tú crees que lo son? No digo que esté mal, no. Digo que no es suficiente… ¿Cómo verías enviar un correo a las familias proponiéndoles ciertos temas para ver cuáles les interesa más? Eso es comunicación compartida, eso es enriquecimiento…, eso es comunidad.

¿Cuál es el mensaje?

En la sencillez está la clave. Soy consciente de que gestionar equipos y colegios implica tener muchas cosas en la cabeza. De hecho, muchas de nuestras decisiones o comentarios no se entienden porque están vinculados con tres millones de situaciones que suceden en el colegio a la vez y los profesores, los alumnos o las familias solo ven la parte que les afecta. Lo sé. Pero la realidad es que debemos conseguir “llegar” al corazón y a la razón de nuestra comunidad educativa, y eso implica tener un mensaje lo más sencillo, claro y preciso posible.

¿Conocéis esa afirmación de Cicerón que dice summum ius summa iniuria (el exceso de justicia es una injusticia)? Pues lo mismo nos sucede cuando cargamos nuestros mensajes con mil ideas, palabras y temas. El exceso de información, desinforma. Piénsalo… La prisa por aplicar me obliga a tener prisa por informar.

Intenta que tu mensaje no suene siempre igual, pero que siempre hable de lo mismo: de tu proyecto. Un mensaje, un ritmo

Convertir un proyecto en una historia

Son muchos los que dicen cosas parecidas a lo que nosotros podemos querer transmitir, y en los colegios muchísimo más. Todos hablamos de acompañamiento, internacionalización, gestión emocional, nivel académico, formación integral, en valores… No somos atractivos por el contenido de lo que decimos, sino por cómo lo decimos.

De ahí que debamos escoger bien nuestro cómo. La manera en que hacemos brillar nuestro mensaje. Pero lo que realmente tiene potencia en un mensaje no es el mensaje en sí, que también, ni siquiera el cómo lo decimos, que también, sino que aquello que decimos…, sea verdad. Solo ahí la persuasión tiene un poder inigualable. No hay nada más potente que “comunicar verdad”. El mayor grado de fidelidad en las familias es fruto de esa coherencia entre lo que digo que soy y lo que soy

Palabras que se entiendan

Es importante saber lo que digo, pero más aún comprobar que se ha entendido bien lo que he dicho. Por eso debemos estar pendientes de las necesidades de los demás, por encima de nuestra convicción con lo que decimos. Es una combinación compleja, pero necesaria. Mi lenguaje no siempre se entiende como creo, por eso debo sintonizar de manera adecuada con aquellos con los que me estoy comunicando.

Nuestro lenguaje es la construcción de un mensaje, por tanto, no solo son palabras sino todo lo que fluye de ellas. Debemos usar un lenguaje descifrable para el destinatario. A fin de cuentas, el uso del lenguaje adecuado es tener claro que debo ir donde está el otro, porque lo que importa no es lo que dices, sino lo que entienden. Nos guste o no, es así. Yo no transmito para estar contento y satisfecho conmigo mismo, sino para que llegue a alguien y eso lo conmueva. Viéndolo así, entiendo que el punto de partida en la construcción de aquello que quiero comunicar, no soy yo, es el otro.

Mostrar con libertad, atrae

Llegando a este punto podemos caer en una tentación enorme: si el éxito en la comunicación pasa por elegir las palabras adecuadas para que me entiendan, por escuchar las necesidades de los demás y persuadir adecuadamente para que “compren” mi proyecto, la conclusión es que debo desarrollar un proyecto a la medida de lo que los demás quieran y no tanto en el que yo crea…

Ahí han caído muchos colegios…, en reconvertir sus proyectos en “caprichos pedagógicos” según sopla el viento de una sociedad cada vez más dividida en cuanto a valores, objetivos y criterios educativos. Pues no…, tú tienes un proyecto educativo concreto, fruto de muchos años de experiencia, formación, ensayo-error y demás. Ese proyecto es tu “filosofía educativa”, no puedes eliminar la esencia de lo que tú eres porque otros no la entiendan. Busca el camino para que se vea con nitidez y claridad lo que eres como colegio.

La convicción en lo que digo es lo que convence. Parece sencillo, ¿verdad? Lo es, si haces un camino de introspección que no lo es tanto. Y ese camino es el de estar convencido de lo que “eres” y por qué lo “eres”. Ese camino de dentro hacia fuera es lo que va hacer que tu comunicación sea impecable. Y, sobre todo, aceptando que lo que tú ofreces no es para todo el mundo, pero sí para muchos.

Esa es la libertad de la que hablo. Y esa libertad, atrae.

Javier Luna Calvera, experto en formación educativa y asesor pedagógico

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