Por quién doblan las campanas

Photo by Chris Barbalis on Unsplash

No me gusta la “Ley Celaá”. Y no me gusta, más allá de algunas cuestiones que desgranaré a posteriori, porque en realidad ha sido “parida” para levantar polvareda, humo, resquemores y convertirla en una rueda interminable de demagogia.

De nuevo una ley educativa que no va a servir para generar un verdadero cambio que revolucione la forma de enseñar y aprender de nuestro alumnado y profesorado. De nuevo un articulado extemporáneo y alejado del cambio de sociedad a la que deberíamos aspirar como ciudadanos de este país. De nuevo una ley que perpetúa un modelo económico que no aporta valor, que no genera emprendimiento, industria, trabajo de calidad, en definitiva. De nuevo, y perdonen que me ponga tan reiterativo, un marco legal que sirve para que nuestros jóvenes vean truncadas sus esperanzas de desarrollarse profesionalmente y que es una mera generadora de empleo precario y de escaso valor. Menos mal que nos quedará el salario mínimo vital. Con eso habrán de conformarse muchos. Qué tristeza.

Esta especie de rueca de Penélope demagógica hecha ley sirve, y servirá en los próximos meses, para otros fines políticos que nada tienen que ver con un planteamiento de mejora del sistema educativo. Servirá para lanzar globos sonda como los que hacen referencia a la renuncia de mantener el “español como lengua vehicular” para conquistar a un electorado que en pocos meses vista va a votar en las elecciones catalanas. Servirá para afianzar un futuro Tripartito, congraciándose con parte de sus actuales socios de gobierno, pero la realidad es que poco, o nada, va a cambiar sobre la situación actual. Literatura. Soflamas. No nos dejemos engañar. Actualmente en Cataluña esa es la realidad y saben, además, que de materializarse lo que proponen, deben buscar acomodo a lo estipulado en el artículo 3 de nuestra constitución que establece que todo ciudadano español deberá tener un conocimiento y manejo razonable del español (a parte de la suya propia si ha nacido en una comunidad autónoma con lengua propia). Pero queda tan bonito el titular. Incendia tanto. Por otro lado, siendo conscientes de lo anterior, saben que, en caso de no asegurarlo convenientemente, será una sentencia del Tribunal Constitucional la que lo tire abajo.

Lo mismo ocurre con la subordinación de las futuras solicitudes de plazas de puestos escolares en los centros concertados a los públicos. Otra vez un guiño a sus votantes más radicales y a parte de sus socios de gobierno. También pensando, claro, en clave electoral cercana y en fijación de políticas electoralistas a largo plazo. Concesiones de comunicación a estas facciones, que saben que no se van a materializar por varios motivos. Por un lado, porque hay otra parte de sus socios: PNV o PdCAT que no lo van a aceptar y que se lo harán sacar en negociaciones futuras o con enmiendas a esta ley. Y porque, incluso aunque fuera una fantasía cercana al “clímax ideológico”, no se podría llevar a cabo en muchas comunidades autónomas (recordemos que tienen delegadas buena parte de las competencias educativas); ya sea por una suerte de “objeción de conciencia educativa” de algunas de ellas; o porque directamente van a rehusar del confrontamiento con sus ciudadanos votantes. Muchos, por cierto, del PSOE.

Iremos descubriendo nuevas cosas a lo largo de las próximas semanas. Muchas de ellas sin más ánimo que fijar posiciones políticas, pero que nunca se llegarán a materializar. Es la nueva forma de hacer política. Efectismo y artificio y hacer que el mensaje vaya calando en socios, pretendientes  y electorado.

Escuché con atención las palabras de Javier Lambán, Presidente de la Comunidad de Aragón, en Ondacero esta semana, pidiendo un acuerdo de las grandes fuerzas políticas para materializar una ley educativa de futuro para nuestros jóvenes, y me dio la sensación de que lo hacía sentida y honestamente. Aplaudí su iniciativa en redes sociales y me atrevo a pensar que otros dirigentes socialistas, de ciudadanos y populares puedan pensar de igual forma. Aquellos que de verdad tienen conciencia de país. Aquellos que no supeditan todo al interés en forma de rédito electoral (he de señalar que no es la primera vez y que unos y otros lo han hecho en diversas ocasiones). Ya es hora de que esta cuestión, tan demandada por la sociedad, sea tomada en serio.

Mientras, seguiremos todos sufriendo una incomprensible ceguera de nuestros gobernantes y susurrando eso de “…nunca preguntes por quien doblan las campanas; doblan por ti. Porque Tú, Yo, nosotros; somos los afectados reales de esta obcecación.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

 

 

 

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here