Proponen una unidad y observatorio por la convivencia en cada centro contra el acoso escolar

La Universitat de Valencia y la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, de la mano de los investigadores Isabel Martínez Álvarez, Txaro Etxeberria Zubeldia y Pello Agirrezabal Oiarbide trabajan, en el marco del Grupo de Investigación en Inteligencia Emocional (Greine), en la mejora de la gestión de conflictos entre los escolares en Educación Primaria, con el fin de innovar y mejorar la práctica educativa real en este ámbito. Hablan de sus conocimientos en la materia y, sobre todo, de su experiencia en el aula en esta entrevista concedida a ÉXITO EDUCATIVO.

¿En qué consiste la investigación en la que participan la UDIMA y la Universitat de Valencia?

El grupo de investigación al que pertenecemos se centra, principalmente, en la evaluación, análisis y mejora de los aspectos socioemocionales en estudiantes de diferentes niveles educativos, desde educación primaria a universidad, así como la relación entre estas variables y el rendimiento. Una de nuestras líneas principales de actuación es el trabajo que realizamos en colaboración con el colegio Herrikide (Tolosa), un gran referente en el ámbito de la educación emocional.

Concretamente, hemos llevado a cabo dos estudios en los que hemos analizado, por un lado, un programa de educación socioemocional que implantan en toda la etapa de Educación Primaria y, por otro, la formación que llevan a cabo para el desarrollo de las estrategias de mediación y regulación emocional en la gestión de conflictos con alumnos de los últimos cursos de Primaria. Los resultados de ambos análisis han sido difundidos en diferentes congresos internacionales, así como en revistas científicas del ámbito de la educación. Como ya hemos comentado, este trabajo lo complementamos con estudios en el ámbito universitario y en diferentes culturas y contextos. Por supuesto, tenemos en mente diversas líneas de investigación futura para continuar nuestra andadura en este campo de las emociones, tan esencial pero aún muy desconocido, dentro del ámbito educativo.

Del dicho al hecho, ¿cómo se logra una escuela emocionalmente inteligente?

Realmente es una tarea que requiere de un gran compromiso. En primer lugar, es necesario desarrollar las competencias socioemocionales del personal docente y no docente que trabaja con el alumnado. Siempre que hablamos de formación, es fundamental partir de nosotros mismos porque no podemos enseñar/transmitir aquello que no tenemos o que no somos.

También es importante que se convierta en una cultura de centro. En nuestra opinión, es especialmente importante crear un clima social de clase (y de centro) positivo para promover una relación cálida y afectiva entre los alumnos que les ayude a sentirse miembros de un grupo cohesionado. Así, facilitaremos que cada alumno se implique de manera activa en todas las situaciones que se produzcan en los distintos ámbitos escolares (aula, comedor, patio…).

De hecho, creemos que, para progresar hacia esa escuela emocionalmente inteligente, hay que dar un salto más allá, pasando de una inteligencia emocional más personal a lo que podríamos llamar una “inteligencia organizacional”. No se trata de contar con “llaneros solitarios” muy innovadores, concienciados y entusiasmados con la tarea sino de tejer una red colaborativa que implique a toda la comunidad educativa porque somos conscientes de que, tal y como se afirma desde la Psicología de la Gestalt, “el todo es más que la suma de las partes”.

Un entorno escolar positivo es fuente de menos conflictos. ¿Qué papel le corresponde a cada agente en hacer que esto sea así?

Para nosotros lo más importante es el trabajo de prevención que se hace con todos los mecanismos que están en marcha: una educación socioemocional sistemática y secuenciada a lo largo de las etapas educativas. Este trabajo no debe ser reactivo, es decir, como reacción a cada conflicto que ocurre, sino que debe ser un entrenamiento que nos capacite para dar la respuesta más adecuada cuando la situación lo requiera.

Por otra parte, es fundamental tener todas las antenas posibles (docentes, personal del comedor, del tiempo libre, otros alumnos, las familias…) activadas para detectar cuanto antes cualquier conflicto con el fin de intervenir en las primeras fases  (aunque  nosotros los adultos los consideremos “tonterías o cosas de niños” es muy importante la intervención en esta fase embrionaria para que no escalen y acaben convirtiéndose en acoso escolar o “bullying”, que siempre es mucho más difícil de gestionar. Ni queé decir tiene, que, si a pesar de todas estas medidas, surge algún caso de acoso hay que tener un protocolo claro de actuación.

Así, los docentes pueden ayudar, en el día a día, a crear un clima de seguridad, cariño y confianza, apoyando y atendiendo a sus alumnos, tanto dentro como fuera del aula. Los iguales son un referente esencial para los niños y es por ello que pueden resultar de gran ayuda a la hora de detectar un conflicto, ponerse en el lugar del compañero y mediar entre los implicados directos (eso sí, siempre que cuente con la preparación adecuada para ejercer de mediador). El personal no docente del centro debe estar también atento a posibles conflictos que puedan darse.

En Herrikide, estos profesionales también reciben formación relacionada con la gestión de las emociones y, más concretamente, con la resolución de conflictos por lo que están en condiciones de poner en marcha estrategias a la hora de prevenir, detectar y resolver situaciones complicadas. No podemos olvidar otro pilar fundamental, las familias, el trabajo coordinado familia-centro siempre es esencial, pero cobra una especial relevancia en la esfera de la gestión emocional ante los conflictos. Ambos ámbitos deben apoyarse entre sí y ofrecer a los niños estrategias en la misma línea para ayudarles a tomar decisiones, de manera cada vez más autónoma y encaminada a una gestión eficaz de las situaciones con las que se van encontrando en su interacción con el entorno y los otros.

Por último, y no por ello menos importante, destacamos el rol que cumplen las instituciones y agentes externos, tales como trabajadores sociales, personal del ayuntamiento u otros expertos que influyen, aunque no sea de manera directa y/o estable, en la formación de nuestros alumnos. Estos profesionales de diferentes ámbitos pueden ayudarnos a transmitir valores y estrategias en relación a la gestión eficaz de conflictos y es por ello que no debemos perder esas colaboraciones externas que nos aporten un extra de protección. En conclusión, todos y cada uno de los miembros de la comunidad educativa somos responsables y debemos implicarnos en la creación de un entorno positivo, fuente de apoyo, seguridad y confianza.

Ustedes hablan del éxito de los programas de mediación ¿Nos pueden ofrecer más detalles?

Poner en marcha un programa de mediación puede resultar sencillo con un poco de ilusión y trabajo, pero lo importante es que sea funcional, válido y sostenible en el tiempo.

Para ello, es necesario hacer una planificación coherente y gradual. Como hemos dicho anteriormente hay que comenzar con el desarrollo de las competencias socioemocionales desde E.I. y continuarlo a lo largo de las distintas etapas educativas. Hacia los 5 años se puede empezar a utilizar el rincón del consenso o rincón de la oreja y la boca, como estrategia de resolución de sus pequeños conflictos y más adelante complementar con un programa de mediación. Los mediadores pueden ser los adultos, tutores, por ejemplo, con una buena formación en este tema o, mejor aún, un Servicio de Mediación entre iguales. Para que este programa funcione son muchos y muy importantes los temas a trabajar:

Que el conflicto es inherente a las personas, qué es un conflicto, causas (percepción, roles, creencias, etcétera), relación entre el conflicto y la emoción, diferencia entre conflicto y bullying, … El objetivo no debe ser tanto el investigar lo sucedido, quién dice o la verdad o miente, quién lleva razón y quién no, sino a través del diálogo expresar lo que uno ha vivido y sentido fomentando la empatía, proponer alternativas de posibles soluciones y llegar a acuerdos.

La clave es el sentimiento de REPARACIÓN de las partes, el esquema de ganar-ganar (cada una de las partes gana con este acuerdo) porque el objetivo último es la restauración de la relación entre esas dos personas ya que van a tener que seguir conviviendo en el mismo contexto. Para lograr todo esto, es importantísimo trabajar la regulación emocional, técnicas de comunicación como la escucha activa, los mensajes-yo, etc.

En consecuencia, es toda una transformación cultural. Tradicionalmente, la figura del docente se ha asemejado más a un juez que a un mediador cuando para nosotros lo esencial es que este tutor sea acogedor, comprensivo y establezca un vínculo emocional potenciando el sentimiento de seguridad y confianza al alumnado dándole estrategias que les permitan gestionar de manera eficaz los conflictos con los que ineludiblemente se va a encontrar en el día a día. Con frecuencia evitamos, posponemos o reaccionamos de forma poco apropiada ante el conflicto y eso nos provoca un gran sufrimiento y malestar porque sentimos que hay algo que tenemos sin cerrar o resolver. Sin embargo, utilizar el diálogo y la negociación para llegar a acuerdos nos hace sentir mucho más satisfechos y competentes, protagonistas de nuestra propia vida lo que fomenta una autoestima positiva. Sabemos que no es una tarea sencilla, sino que hay que trabajarla de manera gradual y a lo largo del ciclo vital porque no hay un momento en que nos otorgan un título de “persona emocionalmente inteligente” sino que hay que entrenar estas habilidades diariamente.

¿Qué es lo primero que debe hacer un alumno que se sienta víctima de acoso en el colegio?

Lo fundamental es que se lo cuente a cualquier persona de su entorno escolar, familiar, de amistades…. Esta es la respuesta “obvia” que podemos ofrecer, lo complicado es cómo conseguir que esto suceda. Desde nuestra experiencia podemos repetir lo que hemos mencionado anteriormente acerca de la importancia de crear un clima en que el alumno se sienta acogido y apoyado, no juzgado. De este modo aumenta la probabilidad de que el alumno comparta su vivencia y sufrimiento.

En caso de que el alumno no lo cuente, si alguien del entorno sabe algo, también tiene la obligación de ponerlo en conocimiento del colegio. Una vez conocida la situación se podrá actuar desde el ámbito escolar y familiar porque con la actuación adecuada se puede poner fin a este gran sufrimiento y si se trabaja bien, los distintos actores que han tenido algún rol en esta situación pueden realizar aprendizajes importantísimos para su vida en el futuro.

Lo peligroso es caer en la desesperación y pensar que no hay solución por lo que tenemos que esforzarnos en hacer sentir al alumno que hay salida, que estamos para ayudarle y que se puede resolver.

En estos supuestos, ¿cómo creen que deben actuar los colegios? ¿Y los padres tanto de la víctima como de quien acosa?

Los centros escolares tienen una función enormemente importante en este tema. Es necesaria la formación y preparación del equipo de educadores para facilitar el clima positivo de aula y de centro. También tiene que haber un equipo coordinador de convivencia con una preparación aún más intensa en estos temas. Será este equipo quien reciba la información sobre el posible caso de acoso y comenzará la intervención con las distintas personas implicadas: víctimas, agresores y espectadores. No debemos olvidar a estos últimos porque son esenciales tanto para que nos hagan saber lo que está ocurriendo como para que no ayuden inconscientemente a agravar más el problema.

Asimismo, es fundamental la colaboración con las familias de todos ellos. Al igual que con el alumnado hay que contar con las familias y ofrecerles formación en la línea de funcionamiento del centro, cuidar en todo momento la comunicación de manera que se sientan acogidas y no juzgadas o criticadas. Este trabajo preventivo nos ayudará a crear una relación de confianza y seguridad lo que nos permitirá abordar con mayores garantías de éxito situaciones conflictivas en las que el componente emocional dificulta enormemente la intervención. En este sentido, puede ayudar mucho crear el “Observatorio de la convivencia”, un equipo mixto formado por docentes, familias, representantes del personal no docente y miembros de externos como pueden ser los educadores sociales del ayuntamiento. Este equipo se ocupará de hacer el seguimiento del plan de convivencia del centro, analizará a la luz de este plan los casos que se plantean…

Normalmente, se trata de alumnos menores de edad, que están en un proceso de aprendizaje que nunca debemos perder de vista. Nuestro primer objetivo será la protección y seguridad de la(s) persona(s) que está(n) sufriendo. Evitaremos en lo posible los posicionamientos en polos o bandos opuestos (escuela-familia, víctima-agresor, inocente-culpable,…). Nuestro trabajo no consiste en buscar culpables con el fin de impartir justicia o de que “paguen” lo que han hecho sino de poner el foco en el aprendizaje dotando de las estrategias adecuadas de regulación emocional, comunicación, negociación… a todo el alumnado.

Una vez más queremos destacar la importancia de la preparación del equipo responsable de convivencia. Tan importante es saber qué no hay que hacer como lo que conviene hacer. Por ejemplo, es muy importante saber que en una situación de acoso no se debe derivar a las partes en conflicto a un proceso de mediación entre iguales porque la relación entre las partes en conflicto no es simétrica. En ese caso sería apropiado aplicar el método PIKAS. Además de los conocimientos, deben tener (o desarrollar) buenas habilidades de escucha y comunicación que les permitan empatizar con unas y otras familias y puedan conseguir que tanto unas como otras se impliquen y colaboren en la resolución del problema.

 

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