¡Qué ‘biban’ las caenas!

Jaime García Crespo Educación y Sistemas

Como nos gustan las órdenes. Nos encantan las directrices. Cuanto más claras, mejor. Que no quepa duda. Bueno, alguna sí. Los que las dictan pueden dudar un poco, cambiar de opinión cada dos semanas, decir lo mismo y lo contrario en la misma frase, pero al final, cuando todo esté negro sobre blanco, “¡todos a una!”. Ya no es posible dudar y, por supuesto, no se espera que haya discrepancia alguna y ni mucho menos debate sobre la interpretación de las mismas. Y así nos va.

Dice la Sra. Ministra, ahora, quién sabe la semana que viene, que los centros van a abrir con una ocupación del 100%. Que la distancia mínima, ahora, sospecho que la próxima semana será otra, es de 1,5 metros entre los alumnos. Dice también, cargada de razón, ahora, es posible que la semana que viene colijan lo contrario, que los niños, a partir de 4º de Primaria deberán llevar mascarilla. Antes no. Dice también, muy cargada de razón y con ese semblante serio, ese rictus severo que “Dios le ha dao” (bueno, o quien ella determine, tampoco es cuestión de faltar por faltar), que los centros deberán utilizar todo tipo de espacios de forma versátil y flexible. Por ahora, mañana Dios dirá.

Detrás de esta posible verborrea normativa que se plasmará en el BOE, vendrá, como no puede ser de otra manera, la secuencia de instrucciones paralelas, quien sabe si, incluso, contradictorias, que cada una de las diferentes Comunidades Autónomas dictarán para su estricto cumplimiento.

No se me puede olvidar, por cierto, que a este elenco de normas sobre la puesta en funcionamiento de los centros, habrá que sumar las que se propongan en materia laboral (LPRL); en materia sanitaria, respecto de comedores escolares o transporte escolar; las leyes y normas que deberán regular la LOPD en materia de tratamiento de datos médicos o en virtud de la inclusión tecnológica; por no hablar de cómo nos afectarán las diferentes disposiciones sobre el transporte de pasajeros/alumnado a los distintos centros. Normas y más normas. ¡Muchas normas, por favor!.

Qué daño hizo, entiéndaseme la fina ironía, El Quijote en nuestro sistema normativo. Si la primera novela de la historia hubiera sido, por poner un ejemplo, Las novelas ejemplares (algo más liviano, llevadero, ligerito), “otro gallo nos hubiera cantado”, y no se habría metido en nuestro hipotálamo la necesidad de escribir “tochos soporíferos”, ya sean éstos en forma de novelas, sistema normativo y jurídico o tesis doctorales. Quién sabe si también de artículos periodísticos, que uno nunca está exento del mismo pecado que denuncia.

Y aquí estamos, tanto los centros, como el profesorado, como el resto de los profesionales que dan servicio a los colegios, las familias y alumnos, sometidos a un sopor normativo que no podemos más que agradecer como maná caído del cielo y mirar con arrobo a nuestros gobernantes, cráneos privilegiados, que se han preocupado y ocupado de decirnos, claro, clarito, como debemos proceder el curso que viene. Y punto. ¿Alguien tiene alguna duda? Pues bien, sí. Muchas. Y muchas preguntas, que modestamente traslado a nuestros gobernantes con la esperanza de que de su reflexión y su respuesta no salga un nuevo paquete normativo y si un buen puñado de medidas prácticas que puedan ayudar a los centros a retomar su actividad y, si cabe, aprovechar esta circunstancia para caer en la cuenta de algunos de los males de nuestro sistema educativo.

Alguien se ha molestado, ante la extraordinaria diarrea normativa que nos espera, en pensar sobre ¿qué nuevas destrezas y competencias va a necesitar el profesorado para lidiar metodológicamente con una situación de espacios flexibles o sobre cómo van a enfrentar una situación de exposición más intensa al canal online? ¿Se han adquirido o se está pensando hacer, equipos informáticos suficientes para dotar a centros, profesorado y alumnado? ¿Alguien se va a ocupar de formar a ese profesorado acerca del uso adecuado de esos equipos con un sentido didáctico? ¿Sería conveniente formar a los trabajadores de cocina y comedor de todos los centros, públicos, privados o concertados, sobre las medidas higiénicas preceptivas que deben implantarse de cara al próximo curso? o ¿Deben los acompañantes de rutas contar con unos procedimientos adecuados para desarrollar su labor con absoluta seguridad para ellos mismos y para el alumnado que acompañan? ¿Y la formación adecuada?

No digo yo que sea éste el mejor momento para legislar desde el sosiego y la razón qué queremos para nuestros hijos/as en los próximos años, pero si creo que es el momento en que las autoridades deben trasladar a los centros y comunidad educativa propuestas y soluciones consensuadas. Es el momento para que seamos conscientes de que la estabilidad normativa (no los vaivenes a los que nos han sometido en los últimos meses), acompañada de un buen paquete de medidas reales y bien pensadas, es necesario. Sobre todo, esto último.

Nos encanta mandar y, lamentablemente, que nos manden sin rechistar, en virtud de un código genético asociado a nuestra historia como nación, pero debemos acabar con esa dinámica.

No sigamos gritando “¡¡¡Qué biban las cadenas¡¡¡” al paso del “Tirano banderas” de turno.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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