¿Qué buscas? ¿Que entren corriendo o salgan huyendo?

Anabel Valera habla de motivación escolar

Estamos a mitad del primer trimestre y, ahora que ya nos hemos adaptado al nuevo curso, me viene a la mente esta pregunta que podemos hacernos como directores cuando nos referimos a nuestros equipos, a los profesores cuando hablamos de sus alumnos, o a las familias cuando hablamos de sus hijos y de la importancia de establecer un vínculo con ellos.

Todos, absolutamente todos, buscamos retener. Perdón, cambio la palabra. No buscamos retener, buscamos fidelizar, buscamos crear conexiones y vínculos. Y, además, quiero rectificar porque creo que es importante matizar: retener implica obligar a una persona a estar en un lugar en contra de su voluntad, normalmente haciendo uso de la fuerza, ya sea ésta física o psicológica. Supone ir en contra de la libertad de la persona. Fidelizar, en cambio, implica despertar sus ganas de quedarse con nosotros porque despertamos su confianza, porque se siente segura y motivada por algún motivo.

Y hoy querría dirigirme especialmente a los profesores. Tras haber tenido el honor de haber escuchado la semana pasada, en el magnífico evento organizado por ACADE, al profesor José Antonio Fernández Bravo, he tenido unos días para darle vueltas a una idea que alguna vez ya me habéis escuchado:

¿Por qué los niños entran en el colegio queriendo aprender y salen queriendo aprobar? ¿Por qué en Infantil entran corriendo y en Bachillerato salen huyendo? ¿Está la escuela matando las ganas de aprender?

Los niños son curiosos por naturaleza. Y son curiosos porque explorar el medio es lo que les permite conocerlo y crear estrategias personales para adaptarse a él. Pero no solo los niños, es la forma que tiene el ser humano de poder adaptarse y sobrevivir en nuevos entornos.

Te voy a poner un ejemplo: soy de Barcelona y he vivido toda mi vida en esta ciudad, me la conozco perfectamente y, además, asocio los lugares con recuerdos, emociones, sensaciones… vividas en ellos. Ahora me acabo de mudar a vivir a Madrid, todo es nuevo para mí y las primeras semanas han sido para explorar, conocer… he tenido que perderme varias veces para localizar mi casa, he tenido que invertir tiempo para saber cómo llegar al trabajo por el camino más corto, conocer dónde hacen el café como a mí me gusta o cómo funciona el transporte público en esta ciudad.

Pese a que estos inicios no son fáciles, las personas que me rodean me han hecho muy fáciles estas primeras semanas, me han acogido con mucho cariño, de manera que mi cerebro ha comenzado a almacenar emociones positivas relacionadas con Madrid. Así que, poco a poco la ciudad empiezo a sentirla un poco más mía y estoy empezando a experimentar disfrute y sensación de confort.

A nuestros alumnos les pasa lo mismo: necesitan establecer también vínculos positivos con la escuela, con las personas de la comunidad educativa, con sus compañeros y con sus profesores, que son sus referentes. Pero también necesitan experimentar el éxito en el aula para que su memoria fije los sentimientos generados por la emoción recibida. Y es importante subrayar esta idea porque a partir de ese mismo momento el cerebro toma la decisión de aceptar o rechazar esa experiencia, lo que repercutirá en posteriores aprendizajes relacionados con ella.

Anabel, ¿me estás queriendo decir que hemos de “bajar el nivel” y hacer las cosas fáciles para que el niño no experimente frustración y así no almacene en su cerebro emociones desagradables? ¡NO! En absoluto.

El alumno debe experimentar el error y la dificultad para poder entrenar funciones ejecutivas como son la activación, la atención, la gestión de emociones, la motivación, la impulsividad, el inicio de la acción o el mantenimiento de esta. Y además, porque, básicamente, porque una de las variables más importantes de la ecuación del aprendizaje es el error.

Pero la meta de aprendizaje jamás debe suponer algo inalcanzable, la dificultad debe ser escalable. Motivar es proteger el deseo natural que tiene toda persona por aprender y más teniendo en cuenta que la motivación crece en la medida en que el alumno se va implicando en los procesos. Porque lo que realmente motiva es APRENDER EL SENTIDO que tiene dicho aprendizaje, no “el por qué” aprendo, sino “el para qué”.

Fernández Bravo dice que “hay que enseñar desde el saber, al saber más” porque el enseñar desde el no saber al saber no es posible.

Este mismo razonamiento, podemos extrapolarlo a la fidelización del personal: ¿qué les retiene? O mejor dicho ¿qué les fideliza? ¿PARA QUÉ se quedan con nosotros? ¿Hacemos escalables sus procesos de adaptación y aprendizaje o les “tiramos a los leones”? ¿Trabajar con nosotros les supone un reto intelectual y profesional alcanzable, escalable? ¿O por el contrario están en una posición en la que en poco tiempo se estarán aburriendo?

No sea que entren corriendo y salgan huyendo…

Ahí os dejo la reflexión para darle vueltas el resto del trimestre.

Por Anabel Valera IbáñezHead of School Improvement de IEP y directora ejecutiva de la Red de Directivos de Instituciones Educativas en España REDIE

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