Que los mejores profesionales elijan ser profesores depende de nosotros

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Hay profesiones que socialmente son reconocidas como vocacionales. A sanitarios, maestros, políticos y artistas se les reconoce un plus de vocación que va más allá de la preparación académica y profesional. Y tanto es así, que en el caso de los profesores de primaria después de estudiar el grado de magisterio o los de secundaria después de hacer el máster, tienen que hacer acopio de mucha vocación para poder estar a la altura del alumnado y de las familias.

A mi entender, la preparación universitaria y la vocación son una condición necesaria pero no suficiente para ser educador y/o maestro. La primera es una condición de entrada a la profesión y la segunda es un supuesto no medido, no contrastado y no incorporado a los procesos de selección. Y es normal, porque es muy difícil de hacerlo. Sí, ya sabemos lo importante que es para mejorar los colegios y la educación el tener un extraordinario proceso de selección.

Los responsables de selección en los colegios se centran en el elegir el mejor capital humano dentro de lo que el mercado ofrece. Pero jamás piensan que el candidato es el que elige la institución en la que quiere trabajar. Y esta es una tendencia cada vez mayor, aunque a veces haya directores de colegio que lo valoren negativamente. Escucho a veces decir: “es que la nuevas generaciones no tienen compromiso, no aguantan, no tienen vocación”. Tal vez, es que el itinerario profesional que se le dibuja a ese futuro profesor es ir de casa a clase, de clase al recreo, del recreo a clase, de clase al comedor, del comedor a clase y de clase a casa. Evidentemente, esto es una simplificación, pero los nuevos candidatos quieren vislumbrar el futuro de su desarrollo dentro del colegio y eso es muy exigente para las instituciones, que muchas veces no saben cómo hacerlo.

Pero hay varios elementos que impactan de lleno en que grandes profesionales no nos elijan para trabajar:

1) Salarios poco atractivos: que además no son escalables, es decir pueden pasarse varias décadas sin apenas cambios. Este es un tema estructural y no es tacañería de los colegios. La administración tienen que invertir mucho más en educación para responder a este desafío social. Igualmente la inversión que tienen que hacer las familias en la educación privada tendrá que ser mayor y puede ser perfectamente apoyada por un cheque escolar universal.

2) Escasos sistemas de feedback: el español medio no está muy acostumbrado al feedback o a la evaluación de su trabajo. Las aulas se han convertido en un lugar donde la mal interpretada “libertad de cátedra” ha sido la excusa para que cada uno hiciera lo que supiera, lo que quisiera o lo que pudiera. Los sistemas de evaluación en la profesión docente sirven además para dar apoyo, formación y orientación a los profesionales, porque trabajan habitualmente muy solos.

3) Los directivos de los colegios y el proyecto: en los estudios más reputados sobre retención de personas dos son las causas de abandono por parte de la generación X. En primer lugar, un mal jefe del que no aprenden. En segundo, lugar un proyecto al que no le ven forma, la cara o el futuro. Para lo primero no es suficiente dar ejemplo, los directivos de los colegios deben saber de estrategia, recursos humanos, finanzas, organización, marketing y operaciones junto a un profundo conocimiento de la educación y de la pedagogía. Pasar de ser un buen profesor a ser un buen directivo no es una fórmula que haya funcionado muy bien. Estos perfiles de directivos son muy escasos en el sector. Por otro lado, el proyecto del colegio tiene que ser escalable a todos los niveles, y tiene que ser transparente el hacia dónde vamos, por qué y para qué. No hay profesional bueno que se vaya a embarcar en un proyecto donde el destino sea la implantación de tabletas, el cambio de otro directivo o la implantación de un nuevo método pedagógico.

Hay que realizar una disrupción profunda en los procesos internos de desarrollo de las personas. Para hacer emerger todo el talento que hay, expulsar la falta de talento y premiar a los mejores de la sociedad para que estén trabajando en los colegios. Es decir, hacer del trabajo en un colegio un lugar altamente atractivo.

Las personas van a ser clave en la continuidad, crecimiento, escalabilidad de las instituciones. Y me atrevería a decir en la pervivencia. La tecnología es lo que le va a dar velocidad. Y la combinación de ambas, la exponencialidad de sus propuestas.

Jaime Úbeda, director del colegio San Patricio El Soto

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