¿Quo vadis sector educativo privado español? El impacto de la crisis (I)

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La incidencia del IPC en el perfil de cliente

¿Adónde vamos? ¿Estamos inmersos en una crisis coyuntural o que se va a sostener en el tiempo? ¿En ambas? ¿Puede el sector educativo español ser una palanca de activación de país? ¿Cuáles son los principales problemas que lo acechan? ¿la respuesta interna del sector es la más acertada? Y, si lo es, ¿están las administraciones ayudando en este objetivo?

Todas estas preguntas, y algunas más, son las que rondan las cabezas de directivos, alta administración autonómica y estatal, cuerpo docente y demás agentes con capacidad de decisión en el sector educativo privado español.

La actual crisis de precios, que ya se venía arrastrando unos meses antes de que se oyeran los primeros tambores de guerra en Ucrania, y que se ha visto acrecentada entonces por una crisis energética, pero también de materias primas y de distribución que han colaborado a que el problema se acrecentara, puede asemejarse a la crisis del petróleo de los años 70. Esta crisis, que duró apenas dos años, derivada también de una guerra, la del Yom Kippur, se solucionó con medidas antiinflacionistas y con una gran presión política sobre los diferentes actores. No parece probable, sin embargo, que esta presión política se pueda ejercer en estos momentos, habida cuenta de quiénes son los implicados en el conflicto actual. Mejor dicho, no será occidente quien pueda presionar al oso ruso, ni aún con todas las medidas económicas dedicadas para tal fin, sino China, quien, por cierto, empieza a mostrar síntomas de hastío al ver mermado su crecimiento.

En todo caso, y volviendo al sector, que es lo que nos ocupa, no parece probable que en menos de dos años vayamos a ver un escenario de mayor estabilidad y regulación de nuestro IPC. Esto necesariamente implica a que sectores de la población más afectados por condicionantes económicos tengan que replantearse su cesta familiar de gasto y, por tanto, repartir de forma diferente sus esfuerzos. De cara al sector, auguro en los próximos años un desplazamiento de la demanda en una cascada similar a la que vimos en la crisis financiera de 2008, que al sector llegó en 2010. Es decir, un buen número de familias que habían optado por la educación privada, tuvieron que elegir una solución más económica y, por consiguiente, prefiriendo la opción de educación concertada, sobre todo de determinado tipo de concertada. Y muchas familias que habían construido una situación económica interna suficiente en estos últimos años, teniendo que desplazarse hacia centros públicos porque en la actualidad su prioridad de gasto se centra en la cesta de la compra y en poder afrontar el pago de una hipoteca o alquiler.

Ello implica, y más en la sucesión de crisis, recesiones o situaciones catastróficas, que venimos sufriendo desde ese 2008, que el perfil de cliente en las diferentes opciones del sector educativo, se ha reposicionado, haciéndose más nítido y, lamentablemente, más polarizado.

De tal manera que los centros educativos privados, que durante décadas atendieron a la clase media, medio-alta y alta de nuestra nación -en un extraño modelo de sector país no replicado en ningún otro lugar de Europa, aunque sí en Hispanoamérica- se está posicionando en los segmentos más altos de nuestras capas sociales. Lo cual, atención, va a determinar, como ya lo está haciendo, tipo de proyecto (producto), precio, servicios, en definitiva, posicionamiento global del sector. De forma lógica, pero tristemente, los centros privados tenderán hacia un target cliente que se sitúa en un segmento cuyo poder adquisitivo le permite abordar con desahogo este gasto, pero que, por el contrario, exige un producto de mucha calidad, un producto singular, un paquete de servicios variado y adaptado a sus necesidades, unas instalaciones impecables… este es, sin duda, el potencial que han identificado los grandes fondos de inversión que desde hace unos 10 años han aterrizado en nuestro país. Esto es lo que los “players nacionales”, acostumbrados a enfocar su propuesta hacia un público más extenso, tienen que entender si quieren asegurar su supervivencia. El segmento que en otras épocas lo cubrieron los colegios privados, entre otras cosas porque tampoco había surgido una opción aceptable que fomentara ese desplazamiento de la demanda por “abajo”, los centros concertados de nueva creación, ha desaparecido y su adaptación a un nuevo contexto es irremediable. Se va a producir, y se está produciendo, una selección natural de las especies en toda regla.

Si extrapolamos las consecuencias que el sector está viviendo a un contexto mayor, el de nuestra sociedad, se colige que la destrucción que se está produciendo de la clase media, no solo tiene efectos económicos devastadores -no olvidemos que es uno de los aspectos que más inciden en el crecimiento de la renta per cápita de un país-, sino que a nivel político es un campo abonado para los populismos. Políticas encaminadas a la subvención, al bono regalo, para condicionar el voto de la “masa” mediante la articulación de medida facilonas que inflan nuestro gasto público, y que van dirigidas a un perfil de votante acomodaticio y propenso a querer seguir viviendo de “papá estado”, seguro se verán contrarrestadas por propuestas radicales de signo contrario. Hemos de volver a la cordura. Tenemos que recuperar nuestras clases medias y tener un proyecto claro de país. Les recomiendo que busquen la evolución en renta per cápita que ha tenido un país, Irlanda, que partía de supuestos como el nuestro hace 30 años, y lo comparan con nuestra evolución.

Se asombrarán.

En los próximos artículos de esta serie abordaremos los siguientes temas:

  • El problema de la natalidad en España y su impacto en el sector.
  • Captación y retención de docentes. Un problema europeo.
  • Crisis también es oportunidad

No dejemos de pensar en nuestros problemas, ni en las soluciones. De ser así, alguien habrá de firmar el certificado de defunción. Y el sector ha demostrado históricamente su aportación al crecimiento país. Debe seguir haciéndolo.

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