¿Quo vadis sector educativo privado español? (III) El talento y la profesión docente

Como continuación de la serie de artículos destinados a analizar los grandes problemas del sector educativo privado, abordamos en esta ocasión el referido a uno de los aspectos más relevantes, si no el más trascendente, para los centros educativos: nuestros profesionales.

La captación y retención del talento se está convirtiendo en uno de los aspectos más controvertidos del sistema educativo español.

La falta de incentivo de la profesión, poco reconocida en nuestra sociedad, y mucho más aún si la comparamos con décadas anteriores; la ausencia de un paquete retributivo atractivo, que si bien, en los inicios de la carrera profesional no es desestimable, sin embargo, según ésta evoluciona, el estancamiento del recorrido retributivo se convierte en un hándicap evidente frente a otras profesiones en las que este aspecto es relevante; la ausencia de una carrera profesional con trayectoria futura, no solo en lo económico, sino también en lo que a asunción de responsabilidades y crecimiento personal y profesional se refiere, resta de forma significativa atractivo a la profesión; la esclerosis de un sistema, que poco a poco se va cambiando desde la escuela, en la que el papel del docente es la de mero transmisor de conocimiento, mermando la creatividad, incluso el disfrute del contacto personal en lo que se refiere a la participación real en el desarrollo madurativo de los alumnos, no favorecen la percepción que de la profesión se tiene en nuestra sociedad, siendo lícito pensar que la función de “contador de libros de texto” es un trabajo monótono, repetitivo y poco enriquecedor; las estructuras organizativas de nuestros centros, poco flexibles y poco proclives a permitir el desarrollo de nuestros profesionales; la ausencia de una verdadera meritocracia organizativa, premiando, en muchos casos, la antigüedad y las relaciones en la asunción de puestos de responsabilidad, no benefician en nada la percepción de nuestra querida profesión entre los jóvenes; un sistema de relaciones laborales anticuado, y con dificultades ciertas debido a la rigidez de nuestro sistema educativo, pero también a la poca imaginación de los gestores de los centros para buscar soluciones creativas para implantar medidas encaminadas a favorecer la conciliación, la flexibilidad horaria y de jornada -hay margen, pero hay que pensar en cómo hacerlo- nos sitúan en un plano de competencia real frente a otras profesiones muy poco atractivo para nuestros jóvenes. T

Todo ello, sumado a  la caída de la vocación educativa entre nuestra juventud, probablemente producto de la suma de aspectos desincentivadores señalados anteriormente hacen, en fin, que se esté produciendo un constreñimiento real en el mercado laboral educativo.

Este panorama no solo se da en España, sino también en toda Europa. Les recomiendo, en este sentido, la lectura del artículo “Europe schools hit by staffing crisis at start of academic year”, publicado en Financial Times el 03 de septiembre de 2022. En él se aportan datos obtenidos de un estudio realizado por la OCDE, muy interesantes para comprender parte de los problemas enunciado anteriormente. También para desmitificar algunos mantras recurrentes que se utilizan en nuestro país respecto de las aspectos retributivos comparativos frente a otros países de nuestro entorno más inmediato – tengan cuenta, además, que en el gráfico no se contempla el factor de la “renta per cápita” en cada país, que es relevante a la hora de comparar la retribución en comparativa con el marco social, y, además, como factor asociado a su capacidad de poder adquisitivo-, pero ya hemos visto que ese no es un factor, o al menos no el único, muy relevante para explicar la creciente escasez de profesionales interesados en nuestro sector.

Gráfico del Financial Times. Fuente: Comisión Europea.

Los autores del artículo, Andrew Jack y Federica Cocco, señalan además una serie de problemas tras la pandemia de la Covid 19 y cómo esto ha influido en que cinco grandes países europeos estén encontrando serias dificultades para reponer sus necesidades de puestos de docentes para sus centros educativos: el “burnout” y la masificación de algunas aulas, y cómo esto puede afectar a la calidad de sus respectivos sistemas.

En fin, no quiero con esto caer en aquello tan manido de “mal de muchos, consuelo de tontos”.  La preocupación y ocupación de nuestras autoridades, y de nosotros mismos como agentes con responsabilidad dentro del sistema, debería ser buscar las soluciones necesarias para evitar que esto siga desarrollándose y se convierta en un problema más profundo e intenso.

A todo lo anterior hay que sumar algunos otros aspectos, y que hacen que la cuestión se nos complique un poco más.

Como hemos señalado en artículos anteriores, y como remataremos en el último de la serie, la aparición de nuevos “players”, con una cultura laboral muy diferente, fundamentalmente anglosajona, afecta de distintas maneras a este mercado laboral educativo:

  • Por un lado, su propuesta de centros privados -ya sean universidades o K-12- muy centrada en el desarrollo de programas internacionales y de muy alta calidad, ha reducido las opciones de profesorado nativo. Hay más competencia por conseguir estos profesionales, lo que implica mejoras de sus paquetes retributivos, tirando al alza el resto de la estructura. Sana competencia, por cierto.
  • Por otro lado -y en esto tienen dificultades para comprender nuestro mercado laboral en relación con el sistema educativo– se recurre a la captación de profesionales de otros sectores, que ahora si ven más atractiva la incorporación a este tipo de centros, tanto por el paquete retributivo, como por la dinámica de trabajo en los centros, incluso por la flexibilidad de esos puestos de trabajo, les permite implementar una propuesta de valor muy significativa, pero que, por el contrario, se encuentra con las rigideces propias de nuestro sistema – muy apoyado por unos sindicatos muy obtusos en esta cuestión- respecto de titulaciones, autorizaciones, autonomía del proyecto educativo, flexibilidad en definitiva. “El pan nuestro de cada día” en nuestro país y en nuestro mercado laboral.
  • Pero también, y traslado este particular con toda la cautela y respeto posible, con una cultura meritocrática y del esfuerzo laboral muy particular. Hace poco, un colega del sector próximo a esta cultura me señalaba que “En España se despide poco. Muy poco. Y así les va a muchos centros educativos. Son dinosaurios pasados de kilos”.

Es inevitable pensar que centros con estos planteamientos van a tener una capacidad de captación de profesionales muy alta frente a otros centros; y que el impacto de estos en sus proyectos -como no puede ser de otra manera- es muy importante, y por tanto, cada vez más atractiva para las familias y alumnos por los que todos competimos.

Otro aspecto a tener en cuenta es la absoluta desconexión entre los centros educativos y la universidad; tanto las escuelas de magisterio, como las facultades que imparten titulaciones habilitadas para impartir clases en niveles educativos. La inexistencia -salvo en algunos grados como Psicología- de itinerarios hacia la profesión docente restringen la entrada de profesionales a la profesión. La existencia de un máster habilitante -no siempre de la mejor calidad deseable- añade un año más de estudios y, pese a que es una solución al problema de desconocimiento de la profesión y de formación necesaria para poder entrar en el aula, sin embargo, es, en muchas ocasiones, un factor desincentivador para quien quiere acabar sus estudios e incorporarse rápidamente al mercado laboral.

Qué decir de muchas de las escuelas de magisterio, cuyos alumnos sí son en teoría vocacionales, con una propuesta de programa educativa muy alejada de las necesidades de los centros. Al menos, de todos los que venimos señalando en esta serie de artículos. Siendo aún una rareza los grados bilingües, aún lo es más los que son impartidos por profesorado nativo, pero con todo, ese no es el único problema. Las propuestas metodológicas, el concepto y planteamiento de muchas escuelas de magisterio es antediluviano, de forma que obliga a muchos centros a optar por desarrollar costosos programas formativos para la incorporación de recién titulados o, lamentablemente, optar por docentes de otras procedencias.

Concluyo señalando la importancia de que el sector cuente con una fuerza laboral suficiente, altamente motivada y excelentemente preparada. Para ello, no solo las diferentes administraciones, sino también los centros, debemos esforzarnos en mejorar la percepción y las condiciones laborales reales de nuestros profesionales – docentes y equipos directivos-, puesto que no en vano son la llave del éxito de cualquier proyecto educativo. También la universidad debe hacer un esfuerzo por entender la importancia capital de esta cuestión y buscar formas de adaptarse a estas necesidades: la preparación de sus futuros alumnos se supedita al trabajo realizado en los años anteriores. Qué decir de la sociedad utilizando el mismo argumento. Nuestros profesionales del futuro dependen de los profesionales educativos del presente; de forma, además, directamente proporcional.

Queda un camino largo por recorrer. No perdamos tiempo.

Jaime García Crespo, CEO del Grupo Base Educación

Ver artículo anterior de la serie ¿Quo vadis sector educativo privado español? (I)

Ver artículo anterior de la serie ¿Quo vadis sector educativo privado español? (II)

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