¿Quo Vadis sector educativo privado español? (IV) Respuesta a los retos futuros del sector: La internacionalización.

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Como colofón a esta serie de artículos quincenales en los que he ido analizando los retos del sector educativo, tocaba señalar cuál era mi propuesta para la educación privada española. Siempre he intentado huir de ser tildado como aquellos “falsos profetas” que permanentemente levantan el dedo señalando al asteroide que está por chocar con nuestro mundo. O, dicho de otra manera, suelo mirar con cierto recelo a esas personas que sistemáticamente apuntan las penas y dificultades por venir, pero que rara vez identifican cuáles son las soluciones. Agoreros, los llamaba mi abuela. Así que toca mojarse.

En la serie de artículos iniciada en el mes de octubre, hemos venido identificando cuáles eran las principales amenazas que acechaban a nuestro sector. Comenzábamos la serie analizando cómo la crisis económica, derivada de la situación inflacionaria en la que nos encontrábamos, iba a afectar a nuestros clientes y potenciales clientes, y más aún, como éste hecho podría llegar a modificar el perfil de los mismos. En el segundo artículo de la serie, abordábamos la más evidente de nuestras amenazas que denominábamos invierno demográfico debido al intenso descenso de la natalidad en nuestro país y que algunos expertos, como señalábamos en el artículo del 3 de octubre del presente año, auguraban podía llevarnos a que en el 2030 hubiera aulas con una media de 8 alumnos. Además, haciendo un juego de palabras con el concepto de inviernos, apuntábamos también a cómo los costes derivados de la crisis energética amenazaban con perjudicar de forma importante los márgenes de los centros por el impacto de los costes energéticos. Si bien, este último aspecto, tenía pinta de ser coyuntural y no siendo un sector de consumo intensivo energético para la producción, un problema relativo.  Finalmente, en el tercer artículo de la serie, abordamos el reto que debían afrontar los centros para ser capaces de atraer y mantener el talento de profesionales que encontraran el sector como un atractivo para desarrollar su carrera profesional o, al menos, parte de ella, y como ello nos iba a impactar en nuestra subida de costes laborales si queríamos poder competir con otros centros en contar con los mejores profesionales.

Pues bien, si sumamos todos estos factores y su impacto en nuestros centros, permítanme que los resuma de forma más concisa:

  1. Cambio del perfil cliente debido a la inevitable corrección económica;
  2. mayores costes soportados en los centros educativos para la captación y retención de talento;
  3. el impacto de otros costes soportados derivados del contexto socioeconómico y coyuntura actual;
  4. desplazamiento de extranjeros con un perfil distinto al que veníamos estando acostumbrados por efecto de las nuevas relaciones laborales y sociales, pero también porque huyen de situaciones en sus países que pueden estar afectadas por la situación de la guerra ruso-ucraniana: los llamados nómadas digitales, que probablemente se consoliden una vez pasada esta situación coyuntural. ¿A quién, siendo alemán, sueco o finlandés, no le gustaría trasladar su domicilio a las Islas Canarias, al levante español o a la costa andaluza, cobrando, además, el sueldo de su país de origen y pudiendo teletrabajar desde esta nueva ubicación, con el coste y calidad de vida que ofrecemos?;
  5. una “batalla” por el alumno no conocida hasta este momento debido al fuerte descenso de la natalidad y a la creciente mejora y adecuación a las expectativas de los clientes de algunos centros educativos, sobre todo de aquellos que dependen de grupos internacionales o nacionales cuya capacidad de invertir y ajustar su propuesta a las nuevas exigencias, es mayor;
  6. derivado de lo anterior, el incremento muy relevante de la inversión en adaptación de espacios y dotaciones educativas. No podemos soslayar que muchos de los centros privados existentes en nuestro país son de los años 70-90 y, por tanto, como ha ocurrido en otras industrias, nuestras instalaciones están obsoletas y, además, con un público que es capaz de discriminar y valorar especialmente este particular;
  7. sin olvidar la existencia de proyectos educativos competidores en precio, pero de alta calidad, como es el caso de lo que se ha venido llamando como “nueva concertada”;
  8. y, claro, la creciente concentración de un sector muy atomizado, que está creando grupos educativos que van a poder optimizar costes de estructura, y también desarrollar prácticas de gestión empresarial más profesionalizadas y sofisticadas que redundarán en la mejora de los centros de cada uno de sus grupos;
  9. también, un sistema educativo convulso, rígido, poco adaptado a las necesidades de los futuros profesionales, sujeto a un constante cambio legislativo, politizado y, por último y gracias a todo lo anterior, con una percepción social muy negativa;
  10. como resultado de lo mencionado, ya muchos centros en España, probablemente como pocos países en el mundo, incluso aunque la titularidad sea nacional, han decidido sujetarse e implantar sistemas extranjeros, ya sean estos británicos, americanos o de otras nacionalidades y, aquellos que aún se mantienen dentro del sistema nacional, han implantado opciones paralelas como las propuestas por el mundo IB.

Con este maravilloso cocktail radioactivo (parece preparado por Hommer Simpson en la central nuclear de Springfield), solo podemos ser conscientes, como centros privados, sea cual sea el nivel educativo en el que nos encontremos: escuelas de infantil, centros K12 o universidades, que de continuar como estamos, no es una alternativa. Nuestra propuesta, y a la que estamos viendo se van acogiendo poco a poco muchos centros, sea cual sea el nivel educativo en el que se encuentren, es la internacionalización.

Recientemente en este medio, mi colega Enrique Escandón, apuntaba a una solución en términos similares, así que, con diferentes palabras y enfoque, no tengo más que incidir en aspectos muy parecidos.

Pero ¿qué es, o qué entendemos, por centro internacional?

Con frecuencia las familias se fijan en los elementos externos propios de un colegio, y confunden la idea de lo que es un centro con proyecto internacional. Un colegio internacional no es aquel que tiene una extensa oferta de idiomas, ni tan siquiera uno que se llame a sí mismo bilingüe, aunque imparta muchas horas lectivas en un idioma concreto. Tampoco necesariamente lo son aquellos que están adscritos, formalmente hablando, en programas del Bachillerato Internacional (al menos, no solo por eso). Ni tan siquiera aquellos que hacen que sus alumnos cursen parte de sus etapas educativas en el extranjero, ya sean centros propios o a través de acuerdos con otras instituciones en los países destino. Por supuesto tampoco porque lo arrastre en la marca del centro. Solo es una etiqueta que uno se otorga a sí mismo.

Cierto es que todo ello suma y colabora a que un centro sea considerado internacional, pero el concepto es mucho más intenso y profundo.

Entonces, ¿cómo distinguimos a un colegio internacional de otro que no lo es?

Desde nuestro punto de vista, un colegio Internacional debe ser entendido como tal, cuando trabaja de una forma concreta los diferentes ámbitos a los que debe atender un centro educativo.

  • Por un lado, nuestros alumnos, que deben interiorizar la diversidad como un valor a respetar, cuidar y proteger. De la misma forma que debemos contar con las estructuras necesarias y adecuadas  para poder personalizar el aprendizaje de los alumnos y articular un modelo de seguimiento muy ajustado a las necesidades de cada uno de ellos.

Es un detalle para valorar el número de países de procedencia de nuestros alumnos, así como a las universidades a las que salen una vez concluidos sus estudios. Ambos factores enriquecen su experiencia de vida y amplían su visión.

  • Respecto del proyecto educativo, qué duda cabe que el hecho de que un centro desarrolle un currículo extranjero, o se encuentre bajo un entorno IB (International Baccalaureate), son indicios de que dicho colegio se encuentra en una órbita internacional, pero no solo eso basta. En nuestra opinión es necesario que el proyecto se despliegue en base a metodologías activas, incidiendo en un aprendizaje competencial y reflexivo. El concepto “learning by doing” es esencial.

En este apartado cobra especial importancia el aprendizaje de idiomas y su uso como lenguas vehiculares en el centro.

  • Las instalaciones y dotaciones educativas con las que debe contar un centro que aspire a ser considerado como internacional son básicas. La puesta a disposición de nuestros alumnos de todo medio necesario para que pueda desarrollar sus intereses es fundamental, y así desarrolla otro concepto inherente a este tipo de centros: el ensanchamiento del currículum. Así mismo, el uso de estas instalaciones es un signo distintivo de los colegios internacionales. Entender que el aprendizaje no solo se desarrolla en el aula y, por tanto, se promueve la creación de espacios singulares de aprendizaje (singular learning spaces) donde el alumno trabaja y aprende de forma diferente.
  • El desarrollo de alianzas con centros extranjeros en los que el alumno puede, sin necesidad de recurrir a agencias de ningún tipo, cursar temporadas, o incluso años académicos, con el seguimiento del colegio, son aspectos muy a tener en cuenta. De la misma forma que el desarrollo de proyectos conjuntos a nivel internacional, que aportan experiencias académicas a nuestros alumnos, y enriquecen su vivencia escolar. También el hecho de que, en virtud de esos acuerdos, nuestros alumnos se puedan beneficiar de becas en universidades de primer nivel en USA o UK.
  • Finalmente, el equipo directivo, debe trasladar la visión del colegio al claustro docente y a todos los trabajadores, así como a nuestros alumnos y familias, implicándoles en ello. Apostando por la innovación como palanca de cambio por y para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y facilitando que se cuente, para lograr este objetivo, con los profesionales más altamente cualificados y formados permanentemente.

Hemos señalado en diversas ocasiones que España está en condiciones de convertirse en un verdadero Hub internacional educativo. Teniendo esto en consideración, no queda más remedio que apostar por una estructura que dé respuesta a los condicionantes tratados en este artículo. La internacionalización de toda la ordenación y niveles de los centros que conforman el sector educativo privado es el camino. No hay otro. Lamentablemente. Este es un caso evidente de un contexto de “sí es sí”. Sin ambages, ni ministras que lo torpedeen. Le pese a quien le pese. O precisamente por eso.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Base

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