Rafael Caamaño (CECE Andalucía): “La enseñanza pública debería estar condicionada a la demanda real de las familias, y en igualdad de condiciones con la concertada”

Rafael Caamaño (CECE Andalucía): “La enseñanza pública debería estar condicionada a la demanda real de las familias, y en igualdad de condiciones con la concertada”

CECE-Andalucía, la organización que agrupa a la mayoría de los centros concertados y privados de la comunidad, está de cumpleaños. El pasado 20 de mayo celebraba su 35º aniversario con una jornada educativa que fue inagurada por el consejero de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, Manuel Alejandro Cardenete.
De esos 35 años, Rafael Caamaño ha sido ocho y medio secretario general de la organización. Ha vivido el cambio de un gobierno socialista al gobierno de coalición PP-Ciudadanos, y tiene una visión privilegiada de la situación, problemas y retos de la educación concertada andaluza. Que, punto más, punto menos, son muy similares a ls de toda la educación concertada española.

CECE Andalucía cumple 35 años. ¿Qué se ve cuando se echa la vista atrás?

La satisfacción de tantos años al servicio de la educación, defendiendo la libertad de enseñanza y el derecho de las familias a elegir la educación de sus hijos, derecho imposible de ejercer si no existiera la oferta privada y concertada a la que representamos.

Y satisfacción también por el crecimiento continuo de nuestra organización, que se ha convertido en la organización patronal y empresarial más representativa en Andalucía, con más de 450 centros educativos de todos los niveles y titularidades.

Vivimos un momento complicado en la educación española: nuevas leyes educativas, currículos que llegan con retraso, tensiones políticas, polémicas por los libros de texto y todo ello tras dos años duros de pandemia. ¿Cómo calificaría el panorama?

Efectivamente un panorama complicado por todas esas cuestiones que menciona. La educación no debería ser utilizada como campo de influencia política o ideológica, se tendría que confiar más en la iniciativa y autonomía de los centros, dejando en manos de sus profesionales la organización de la enseñanza. El Estado debe ser neutral, legislar lo menos posible, sin perjuicio de los controles que lógicamente deban ponerse: muchos estudios demuestran que cuanta más autonomía y libertad hay, mejores son los resultados.

Hay unas elecciones autonómicas en puertas. ¿Cómo han sido estos últimos 4 años para la educación andaluza tras el cambio de gobierno? ¿Qué esperan para el futuro?

Han sido unos años de más buenas intenciones que resultados efectivos. Es verdad que hay un mayor reconocimiento a la enseñanza concertada y privada, pero repito que los resultados no son los que esperábamos. Se justifican, en parte, por los dos años de pandemia, pero la realidad es que sigue habiendo un enorme peso de la enseñanza pública, que nosotros respetamos, por supuesto, pero que debería estar condicionada, en definitiva, a la demanda real de las familias, y con la que debería estar en igualdad de condiciones la enseñanza concertada.

¿También en Andalucía la escuela concertada se siente maltratada?

La palabra no es maltratada, sería injusto decir eso. Pero hay una tendencia a considerarla como subsidiaria, en todos los aspectos. No se conceden nuevos conciertos, aunque se tenga demanda, si en la misma zona hay plazas vacantes en los centros públicos. Muchos programas se destinan exclusivamente a los centros públicos, cuando la procedencia de esos fondos – por ejemplo, los fondos europeos- están abiertos a toda la población. Se está impulsando con gran diferencia la FP pública, cuando hay una red muy prestigiosa, activa, con gran demanda de centros de FP privados, con los que debería contarse para atender la enorme demanda de estas enseñanzas que queda insatisfecha por falta de oferta suficiente.

¿Cuáles son los principales problemas de la escuela privada y privada concertada andaluza, o si lo prefiere, cuáles son sus retos?

Sus retos siguen siendo los de mejorar continuamente, responder a las necesidades de las familias, de la sociedad, del tejido empresarial en el caso de la FP.

Con muchos menos medios que sus homólogos de la enseñanza pública, la enseñanza privada está a un gran nivel en Andalucía, con magníficos resultados en las pruebas PISA o en la selectividad de cada año. Pero aspiramos a más, porque los cambios sociales y económicos son muy rápidos y exigen una mejora continua.

La inevitable bajada de ratios. ¿Es positiva? ¿Pone en peligro la continuidad de algunos centros concertados?

Los centros están notando la crisis de la natalidad, por supuesto, lo que está llevando en muchos casos a aulas con ratios inferiores (lo que no deja de tener una ventaja pedagógica), pero en conjunto la enseñanza concertada en Andalucía no pierde aulas.

Casi siempre la relación entre escuela pública y escuela concertada se plantea en términos de confrontación. ¿Por qué, no hay otra forma de hacer las cosas?

No es real esa confrontación, de hecho, en las zonas en las que conviven ambas redes, las relaciones entre los centros y los profesionales de la educación suelen ser estrechas y muy positivas.

La confrontación aparece a nivel político e ideológico, en los debates políticos entre los partidos, o entre movimientos pedagógicos muy politizados. Pero repito, entre las familias y los profesionales hay una normal convivencia y respeto mutuo.

¿Cree que estamos preparando adecuadamente a los alumnos para el futuro?

Creo que sí, que los centros y sus profesionales están haciendo un gran trabajo, independientemente de las leyes educativos o los currículos oficiales. Evidentemente es una rémora tener tantos cambios de leyes, o contenidos como los actuales tan ideológicos y que ayudan bien poco, pero los centros privados tienen sus propios proyectos educativos y métodos de trabajo, y una gran formación e implicación del profesorado, que logran una alta formación de su alumnado. Una prueba es la alta satisfacción que muestran las familias y la demanda que siguen teniendo los centros.

En estas polémicas sobre si la escuela ya no está sirviendo como ascensor social, la desaparición de la meritocracia, el descenso del nivel de exigencia… ¿cuál es su posición?

Repito lo que he dicho antes, son polémicas artificiales, de debates políticos e ideológicos. Es verdad que, si un centro se deja llevar por ese ambiente o no pone esfuerzo de su parte, caería en sus niveles de exigencia y formación. Pero no es el caso de los que nosotros asociamos ni en general en la enseñanza privada.

¿Cómo se imagina a la mejor escuela del mundo?

Pues aquella en que las familias estén contentas, que haya una buena convivencia entre todos – profesores, alumnos, familias -, que tengan una permanente ilusión por formarse, por mejorar, por implantar nuevas iniciativas y proyectos, donde la exigencia no esté reñida con la ayuda a todos. No es una utopía, ni sueños irreales, es la realidad que vemos en muchos centros: estoy seguro de que, en la inmensa mayoría de los casos, los alumnos piensan que su escuela es la mejor del mundo, y todos tienen razón.

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