Receta breve para digitalizar la educación

Este texto se publica el día 14 de abril. La situación con el coronavirus sigue siendo de incertidumbre máxima. También en el terreno educativo. Hay muchas dudas sobre cualquier asunto. ¿Cómo va a terminarse el curso? ¿Cómo será la evaluación? ¿Habrá algún repunte del virus en otoño?

Si hay pocas certezas en este momento en el sector una de ellas es que hay que pisar el acelerador de la digitalización. Así que esta semana dejaremos una receta breve sobre cómo digitalizar la educación. No será un informe completo y exhaustivo porque este ámbito es periodístico. Pero puede servir de rápida visión general. Vayamos a ella.

Hardware conectado

Lo primero es la infraestructura. Ya comenté la semana pasada que todos los docentes deberían tener un portátil corporativo ya. Esto es algo que debería haber pasado hace tiempo, pero que ahora es ineludible. Es un paso cero para todo lo demás. Idealmente, los docentes deberían poder tener portátil antes del final del curso, para que puedan comenzar a formarse en el uso pedagógico de las herramientas digitales cuanto antes. Parte del verano podría ser buena para eso.

En cuanto a los estudiantes, hace una década, con los programas de Escuela 2.0 que analizamos aquí, el esquema era el de «un ordenador por alumno». Luego, se pasó más bien a un modelo de «un ordenador compartido por varios alumnos» a lo largo de la semana, en la fórmula de carritos de portátiles que se desplazan por las aulas, o similar. Ahora mismo, creo que el modelo debería ser de nuevo el de «un portátil para cada estudiante». Si pudo hacerse hace diez años, en medio de la crisis económica, también podrá hacerse ahora. Además, y como ya comentamos en su día en este artículo que leído ahora parece profético, ya contamos aproximadamente con un millón de dispositivos activos en la escuela. No partimos de la nada.

Es importante caer en la cuenta de que los episodios de confinamiento pueden repetirse en el futuro por desgracia, y hay que asegurar un acceso universal. Igual que sucede, por ejemplo, con los comedores o con las becas, aquellas familias que no puedan permitirse el desembolso deberán recibir ayudas públicas para ello. Este modelo en el que la propiedad del dispositivo es del estudiante es el necesario de cara al futuro, frente al modelo de Escuela 2.0 donde los miniportátiles no salían de los centros.

También la conexión a Internet pasa a ser un bien de primera necesidad. Debemos asegurar que todos los estudiantes disponen de una conexión a Internet de calidad. Con las ayudas que haga falta para los que lo necesiten.

En el caso de que no tuviéramos que volver a sufrir cuarentenas (ojalá), toda esta infraestructura desplegada además nos puede servir para ir cambiando de metodología educativa, y favorecer el aprendizaje mixto presencial y online (blended learning) o metodologías como la clase invertida. También el trabajo colaborativo entre los estudiantes se podrá ver beneficiado.

Formación docente y software educativo

Una vez establecida la infraestructura, ¿cómo articular la metodología adecuada para el aprendizaje en un entorno digital? Recordemos que el aprendizaje digital ya no es una opción para los «innovadores», sino una necesidad para el conjunto de la escuela. En ese sentido, lo primero es buscar la actualización docente a través de un gran plan de formación.

Este gran plan de formación para centenares de miles de docentes solamente puede alcanzarse con la colaboración de todos los centros de formación a docentes de España, especialmente de aquellos especializados en la formación online, como el INTEF y sus organismos hermanos en las CCAA. Deben establecerse cuanto antes planes de cursos gratuitos en línea realmente masivos. Y asegurarnos de que los docentes los sigan, cada uno según sus necesidades. Deberán obtener algún tipo de certificado básico. La situación lo requiere. Por eso es necesario que puedan contar con portátiles (y conexión) corporativas cuanto antes, idealmente antes del verano.

Con los docentes formados y certificados, el siguiente nodo del sistema es el software. Aquí es necesario distinguir.

  • Software de gestión. Para tener identificados a los estudiantes y los docentes, y hacer un seguimiento de todos los procesos.
  • Software generalista. Para la ofimática y el trabajo colaborativo. También para presentaciones, videoclases, etc.
  • Contenidos educativos digitales.

En cuanto al software de gestión educativa, es un asunto que las administraciones educativas y los centros tienen razonablemente bien resuelto desde hace tiempo. Pero en todos los casos habrá que hacer auditorías para comprobar si los sistemas son robustos y escalables al nivel que será necesario. En estos días hemos podido ver que han hecho falta refuerzos.

El software generalista está disponible. Solamente hay que decantarse por soluciones, formarse en su uso y sobre todo, en su aplicación pedagógica. Para ello los distintos proveedores ofrecen formación y lo mejor es facilitarla a los docentes.

Por motivos de homogeneización y mayor sencillez en el seguimiento y gestión, podría ser buena idea apostar por opciones corporativas en los casos en que pueda haber incompatibilidades. Esta es una decisión que deberán tomar los servicios centrales de cada organización educativa. Quizá no es lo ideal por concepto, pero a corto plazo y dada la situación de urgencia probablemente sea deseable apostar por soluciones determinadas en detrimento de otras.

En todo caso, deberán primarse opciones online, ya sea en nubes privadas autogestionadas, o en los servicios de nube de los gigantes tecnológicos, que serán mejor opción sobre todo para los despliegues rápidos y para asegurar la escalabilidad y continuidad del servicio imprescindibles. A pesar de las reticencias de muchos por motivos de supuesta falta de privacidad, lo cierto es que las compañías principales cumplen con los requisitos de la Agencia de Protección de Datos, y su trabajo en este sentido está auditado.

Recursos digitales

Para los contenidos educativos digitales, conviene recordar lo que hemos hablado recientemente en esta sección sobre los Recursos Educativos Abiertos (REA). Es lógico que deberá organizarse su puesta a disposición fácilmente accesible. Seguramente no hay tiempo para organizar wikitextbooks colaborativos, pero a medio plazo también puede ser una idea.

En todo caso, parece llegado el momento de facilitar al máximo el uso de los contenidos educativos digitales de los distintos proveedores. Hace una década solamente existían en formato de cederrones complementarios a los libros de papel, pero recientemente son mayoría las editoriales que ofrecen libros de texto digitales. Hasta ahora su uso era minoritario, con tasas en torno al 5% del total, quizá en parte debido a que no ofrecían ventajas sobre los libros en papel, y en muchos casos eran meras reproducciones en pantalla de éstos. Sin embargo, cada vez son más las casas comerciales que intentan aportar un valor añadido, que debemos aprovechar.

En este caso, hay dos opciones:

  • Sistemas de librerías digitales abiertas. Organizar sistemas para que cada docente o cada claustro pueda elegir entre la oferta digital existente. Uno de los mejores ejemplos lo tenemos en la plataforma del programa extremeño eScholarium.
  • Sistemas de compras centralizadas. Las opciones para los docentes se restringen, pero el sistema es más fácil de gestionar y más sencillo para docentes. Es la opción que se ha seguido por ejemplo en Galicia con E-Dixgal.

Igual que en el caso del software generalista, en principio para la provisión de contenidos educativos digitales seríamos teóricamente partidarios del primer modelo donde prima la libertad de elección, pero dadas las circunstancias pragmáticamente es más realista en estos momentos replicar el modelo de centralización. Es más rápido de desplegar, su mantenimiento a corto y medio plazo es más fácil, resulta más sencillo para los usuarios y debería ser menos gravoso económicamente debido a los descuentos que se pueden negociar con los proveedores gracias al volumen de compra.

En el caso de Galicia, por seguir con el ejemplo, se lanzaron varias licitaciones para la provisión de contenidos. Fueron varias las editoriales y empresas que se presentaron a ellas, y finalmente se optó por unas ofertas frente a otras. Las ofertas ganadoras debieron asegurar en todo caso la adecuación perfecta de los contenidos con las plataformas de gestión existentes. Igual que deberá suceder con los recursos abiertos.

Como indicábamos al comienzo del artículo, esta es una receta breve y básica. Si alguien busca consultoría más detallada y específica puede contactarme aquí. Estaré encantado de atender.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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