Salarios bajos y falta de reconocimiento: El desafío de revalorizar la profesión docente en España

Profesión docente en España

Para hablar de futuros docentes y, especialmente, de su vocación, es fundamental hacer la distinción entre los maestros y las maestras que imparten en los niveles de Infantil y Primaria y los docentes que lo hacen en Secundaria, Bachillerato o Formación Profesional. La procedencia de los primeros es la carrera de Magisterio, una elección que suele ser muy vocacional. En el segundo caso, los docentes han estudiado carreras diferentes que explicarán el contenido fundamental de las materias que van a impartir (por ejemplo, un profesor de físicas en secundaria ha estudiado físicas). Si bien estos docentes han ampliado su abanico de conocimiento con el master de formación del profesorado, su preferencia inicial podría no haber tenido nada que ver con el deseo de enseñar. Este matiz es seguramente muy importante porque explica cosas relacionadas con la capacidad de enseñar referida a la forma (y no al fondo); es decir, metodología en lugar de contenido. Sin embargo, podemos hacernos la pregunta de si la vocación es una característica suficientemente importante como para no exigir algo más.

Miramos con ojos observadores a Singapur, por ejemplo, cuyo cuerpo de maestros es absolutamente de élite: solo el tercio mejor de los mejores estudiantes pueden plantearse estudiar magisterio. Serán obligados a continuar formándose cada año y tendrán que pasar exámenes de capacitación también cada año. Si bien hay que decir que se ganan su salario, equivalente al de nuestros políticos de más alto rango. Y es aquí donde yo me hago muchas preguntas: los docentes españoles tienen salarios bajos; una vergüenza si pensamos en lo importante que es su profesión. ¡Están con nuestros hijos!¡Cómo no va a ser importante! Salarios todavía más bajos para los maestros de infantil, cuya misión parece ser guardar niños (por aquello de que la población continúa llamando guarderías a las escuelas). Y es aquí donde me pregunto si aún no hemos entendido nada. Un sistema afrentado en el que estamos en una rueda en la que cada vez es más fácil ser maestro/a y cada vez exigimos menos a nuestros estudiantes.

No hemos entendido nada. No vemos que la docencia es una profesión crucial para la sociedad. Que todo se sustenta desde ella. Que es el pilar base sobre el que se asientan el saber, la conducta y la economía. No hemos entendido que formar profesores supone también enseñar a revalorizar la profesión y llevarla al lugar más alto, en el que merece estar. Que para ello es necesario enseñar a investigar; sí, a hacer Ciencia: Ciencia de la educación. No hemos entendido que los expertos en educación deben participar más en todos y cada uno de los debates fundamentales de la sociedad. Que los profes enseñan, pero también educan, orientan, acompañan y guían. Que los llamamos maestros y hemos perdido la etimología de la palabra. Así es; no queda otra; hay que romper ese buenismo de la enseñanza cooperativa y del todos somos iguales y valemos lo mismo para recordarle a esta sociedad que para poder decir que somos los mejores en algo hay que ser, sencillamente, los mejores.

Por Beatriz de la Riva, doctora en Pedagogía y profesora en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid.

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