Revistas científicas en España: una reflexión de urgencia desde la Comunicación y el Periodismo

En mi caso, cuando hablo sobre revistas científicas lo hago desde mi condición de profesor e investigador del área de Periodismo y en concreto como estudioso de la Comunicación y su relación con el Poder. Desde esa perspectiva lo primero que lanzo es una pregunta: ¿cuántos profesores de prestigio hay en mi área que sean conocidos en nuestro mundo académico por un artículo, por dos o los que sean? Esto puede que ocurra ahora o a partir de ahora, pero en el campo de las Ciencias Sociales y las Humanidades lo habitual es conocer a tal o cual experto por alguno o algunos de sus libros. Los papers serán muy importantes y necesarios -no lo dudo- y sin embargo jamás serán un libro. En Ciencias Sociales y Humanidades no estamos en el mundo de las ciencias experimentales que avanzan poco a poco a base de empirismos puros y duros, sino que nos hallamos en una parcela del conocimiento que se presta a la sincronía, a la hermenéutica y a la filosofía, sobre la base o no de pruebas empíricas.

Lo que quiero decir es que nos han “obligado” a ser lo que no somos y nos hemos dejado. Los culpables en primer lugar somos los catedráticos. Conozco a algunos de mis colegas a los que he oído criticar a fondo los sistemas ANECA de valoración de la investigación, pero no tengo conocimiento de que se hayan organizado para, por ejemplo, constituirse en lobby de presión ante el gobierno, sea del signo que sea, y se hayan sentado las veces que hagan falta con ministros, secretarios de estado, subsecretarios y directores generales para dejar este asunto donde debe estar. Y en el hecho me ha parecido ver algo especialmente a tener en cuenta, incluso a investigar: pueden existir conexiones ideológicas y políticas entre quienes deberíamos denunciar que las Ciencias Sociales y las Humanidades hayan sido reducidas cada vez más a saberes epidérmicos con textos reiterativos y descriptivos carentes o casi carentes de esencias críticas y los políticos que debieran tomar cartas en el asunto. Entre eso y la adopción dócil de las orientaciones anglosajonas estamos perdiendo el, vamos a llamarle, enfoque europeo.

Si yo tuviera que prepararme mi asignatura, “Estructura y Poder de la Comunicación”, exclusivamente por papers en general y por papers de las llamadas revistas fuente, mi materia, que es muy viva, llevaría años de retraso y contendría enfoques meramente superficiales,  cercanos a la Empresa Informativa y a la Producción Periodística, antes que a los intereses que subyacen tras la Comunicación y el Periodismo, un aspecto que cambia día a día aunque sea coyunturalmente y que hay que enfocarlo desde la realidad de la profesión periodística y comunicacional. Se investiga muy poco sobre el tema, es duro hacerlo, no es cómodo, hasta mis colegas de Estados Unidos -país al que tenemos por libre en todo- me han manifestado que cada vez reciben menos apoyo en sus investigaciones. Claro, es más fácil machacar una y otra vez con aspectos “ligeros” y ya demostrados como el tratamiento informativo del vulnerable en general, enfoques parciales sobre la mujer en particular, sepultarnos en un alud reiterativo de estudios sobre Comunicación y Covid-19, fake news, postverdad, y ahora Inteligencia Artificial y cómo usarla que centrarse en la evolución del Poder estructural, sus relaciones con el poder coyuntural y la emanación desde él de mensajes que influyen en la opinión pública de forma doctrinaria. De ahí que desde hace decenios tenga que funcionar, en Estados Unidos, Proyect Censored, por ejemplo[1]. En pocas palabras, hemos caído en variaciones sobre un mismo método: nadamos en lugar de bucear, empezamos las casas por el tejado, no por la estructura, por los cimientos.

Por consiguiente, yo no me voy a centrar en estas declaraciones en las revistas depredadoras porque en mi opinión son un efecto de la exagerada competitividad a la que la investigación en Ciencias Sociales y Humanidades está siendo sometida. La paciencia ya no es la madre de la ciencia, sino la “producción de papers innecesarios en serie”. Hoy se puede alcanzar en España la condición de catedrático o profesor titular en mi materia y otras de Ciencias Sociales y Humanidades sin haber sistematizado el saber en libros editados en firmas que exijan calidad, en lugar de en numerosos papers a ser posible en inglés -otro signo de “rendimiento” a lo externo-. Los autores ingleses y norteamericanos no nos citan a nosotros y no ocurre nada. Si es al revés somos reos de analfabetismo científico y en áreas del saber determinadas no tiene necesariamente que ser así. Siempre es bueno conocer lo que están haciendo los demás en otros países, pero eso y el catetismo español entreguista son temas distintos.

No sólo son las revistas depredadoras las que cobran por publicar, sino que también lo hacen eminentes cabeceras JCR con el argumento de que antes los trabajos han pasado por revisores ciegos. Bien, pero, ¿qué revisores? Aquí tenemos otro asunto. El sargento o el cabo, incluso el soldado raso, corrigen y revisan el trabajo del capitán o del general y además puede que ni sea de su área de conocimiento. Todos somos iguales. ¿Por qué no se hacen públicos los nombres de los revisores antes de que revisen un artículo y después? El autor tiene derecho a saberlo, ha desarrollado un trabajo intenso. ¿Por qué rechazar papes por simples defectos de forma antes de pasar a los “pares ciegos” es un mérito para una revista? ¿Qué mundo es éste? ¿Podrían haber publicado sus investigaciones grandes genios de la Historia con este sistema castrador de la libertad científica? Voy más allá: ¿por qué hasta un sistema de citas que cambia a menudo y dictado a distancia tiene que ser el universal? ¿Acaso no posee el investigador libertad para citar? ¿Acaso citar como desee no es también parte de la libertad de cátedra y de la metodología? Más lejos aún: ¿por qué España no es la punta de lanza en investigación en Comunicación en español y el puente que permita a nuestros países hermanos desprenderse de tantas dependencias norteamericanas para estrechar lazos con Europa? ¿Por qué la investigación mundial la marcan desde EEUU, Canadá y hasta China? Tienen bases de datos con todos los investigadores del mundo porque nos sometemos a sus “órdenes”.

Para las Ciencias Sociales y las Humanidades la deriva de la investigación hacia artículos más técnicos que sincrónicos e incluso ensayísticos está suponiendo el fin paulatino del enfoque estructural y de la identidad esencial de sus disciplinas. Nuestra metodología de trabajo es más cualitativa que cuantitativa y se puede permitir la discursividad y el ensayismo. La reflexión de un investigador senior puede ser mucho más esclarecedora que un torrente de cuadros y de “tartas” a lo que llaman ciencia. Yo he sido responsable de comunicación institucional en organismos públicos y privados relevantes. En los años 90 encargaba trabajos a empresas de servicios de comunicación, trabajos que hoy pasarían por excelentes papers JCR y no son más que informes técnicos, descriptivos, sin alma y repetitivos.

Exigencias como limitar el número de autocitas o citar por fuerza a la revista en la que vas a publicar para aumentar su prestigio atentan contra la libertad del investigador. Hay revistas JCR que son más empresas que revistas científicas, esto debería investigarse, son necesarios artículos de investigación sobre las revistas de investigación y no cargar las tintas siempre sobre las revistas depredadoras que son sencillamente la expresión más mercantil de un nuevo negocio, un negocio presuntamente delictivo al que hay que perseguir: aquel derivado de quien ha observado un nicho de clientes y se ha aprovechado de ello. ¿Quién es el responsable de que ese nicho de clientes exista? ¿Son algunos de esos responsables jueces y parte?

 

Ramón Reig, Fundador de Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación. Catedrático de Estructura de la Información en la Universidad de Sevilla (España)

[1] https://www.projectcensored.org/

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