Rocío Belzunce (Idiena): «La educación emocional es una visión estratégica, transversal, planificada y a largo plazo»

Idiena, Instituto de Inteligencia emocional y neurociencia aplicada, es una entidad que nace con la misión de aportar a las personas, las organizaciones y la sociedad enfoques y técnicas derivadas de la inteligencia emocional, la psicología positiva y la neurociencia que les ayuden a desarrollarse al máximo y de forma integral y emocionalmente equilibradas, como personas, trabajadores y ciudadanos. ÉXITO EDUCATIVO entrevista a su directora general, Rocío Belzunce, quien desgrana algunos aspectos de un reciente estudio de su organización que pone de manifiesto la pobre presencia de la educación emocional en la escuela española.

 ¿Qué debemos entender por educación emocional?

Por educación emocional debemos entender todas las estrategias y metodologías contrastadas y prácticas que desarrollen de una manera efectiva las habilidades emocionales entre los alumnos, favoreciendo un clima en el que la identificación, reconocimiento y gestión de las emociones se aborde con naturalidad, ofreciendo todas las herramientas necesarias para una gestión sana y equilibrada de las mismas.

¿A qué atribuir el que aún sea reducido el porcentaje de centros que forme en ello?

Los motivos por los que son pocos los centros en los que se aplica la educación emocional son muchos y variados. Por una parte, es cierto que la sensibilización con respecto a la necesidad de la gestión emocional en las aulas es muy alta pero  contamos con impedimentos de tipo estructural (un currículo rígido y centrado en la parte cognitiva); una legislación lenta y muy burocrática que impide la aplicación rápida y efectiva de cambios en los centros educativos; falta de medios económicos, tecnológicos y personales; desconocimiento sobre la materia por parte de los profesionales del sector, y la ausencia de metodologías que implanten medidas de formación en educación emocional de una manera práctica, efectiva, transversal y escalable.

¿Cuál es la actitud de las administraciones en relación con la educación emocional?

Hasta el momento, y salvo excepciones como la Comunidad de Canarias, las administraciones son lentas en la toma de decisiones con respecto a la educación emocional. Si bien es cierto, como comentábamos anteriormente, que tanto la demanda social como la necesidad objetiva detectada de los centros está presente, sin el apoyo de las autoridades es muy complicado implantar este tipo de educación.

En la mayoría de los casos, son iniciativas privadas que parten de los propios centros educativos, que cuentan con recursos muy limitados y metodologías presenciales solo aplicables en los primeros años en la escuela, con poca visibilidad sobre si podrán continuar o no en el futuro y cómo hacerlo.

Llama la atención, de su estudio, que los profesores advierten de falta de empatía en sus alumnos ¿Cómo corregir esta circunstancia?

Efectivamente, la empatía es la habilidad estrella que los docentes detectan que más falla entre los alumnos. Corregir esta situación requiere tiempo, educación y entrenamiento. Lograr que los alumnos salgan de sí mismos, poniéndose en el lugar del otro y comprendiendo su punto de vista (que no implica necesariamente compartirlo), es difícil en una sociedad en la que prima el individualismo y la búsqueda del propio éxito personal frente al de los demás, muchas veces a costa de lo que sea necesario.

¿Cómo trabajar la empatía? Debemos primero saber en qué consiste y transmitir a los jóvenes la necesidad y positividad de ser una persona empática que sabe salir de sí misma y mirar a los demás. Mostrar que no solo es una habilidad emocional clave en las relaciones personales, sino también básica para su futuro profesional, y base sobre la que construirán otras competencias como la negociación, el trabajo en equipo o el liderazgo, aspectos tremendamente demandados en el mundo profesional.

El desarrollo de la empatía se logra trabajando cada día puntos concretos en la relación con los demás, entrenándonos en pequeños hábitos que vayan haciendo de nosotros personas más empáticas, cambiando nuestra forma de ver a los demás y de relacionarlos con ellos. Esto lo podemos conseguir aprendiendo a interesarnos realmente por lo que la persona de enfrente nos está diciendo, mantener el contacto visual, mostrar con palabras y gestos que nos hacemos cargo de lo que nos transmite y que somos conscientes de la importancia que tiene para ella. Empezar con puntos como saludar mirando a los ojos, aprender el nombre de nuestros compañeros, conocer algún detalle sobre ellos, llamar si falta a clase o está enfermo… son pequeños trucos para entrenar diariamente la empatía.

Cuando se apunta en el estudio que los profesores deberían mostrarse emocionalmente inteligentes ¿de qué modo se puede o debe actuar sobre el profesorado para lograrlo?

Para que los docentes sean personas emocionalmente inteligentes y puedan enseñar a sus alumnos a cómo serlo, antes deben haber adquirido determinadas habilidades blandas. Esto implica que deben estar formados en este campo. Cuando en Idiena hablamos de formación, nos referimos no sólo al componente cognitivo, sino al práctico, al real.

Una persona emocionalmente inteligente no es la que sabe mucho sobre empatía, autodominio, asertividad  o resiliencia, sino la que realmente ES empática, se sabe gestionar, es asertiva y resiliente. Porque ha adquirido hábitos y los tiene interiorizados. Es entonces cuando es capaz de transmitir, formar, educar emocionalmente a sus alumnos.

Facilitar a los docentes esta formación es el primer paso. En el sistema de enseñanza española contamos con tres tipos de educación: la pública, la concertada y la privada. La situación docente es diferente en cada una de ellas, y la forma de hacer llegar esta formación de una manera atractiva, motivadora y asequible debe contar con factores como el apoyo del centro, el apoyo de las autoridades y el reconocimiento de esta formación en su carrera profesional. Facilitarles el tiempo y los recursos económicos necesarios es fundamental, más aún en un sector en el que el ritmo de trabajo es frenético y donde las tasas de estrés y ansiedad son de las más altas.

Subraya el estudio que el rol del docente es esencial en este ámbito, pero cabe pensar que no menor debe ser el papel que ha de desempeñar la familia…

Completamente cierto. La escuela tiene un papel fundamental en la formación de los niños y jóvenes, pero es en la familia, en el núcleo familiar, donde se aprende lo que somos, se transmiten los valores y el enfoque de vida. Colegio y familia deben ir alineados en la formación, en todos sus campos. Si en un centro se favorece de manera especial el deporte, pero la familia no le concede ninguna importancia y por ende no practica ninguno, lo normal será que los niños carezcan del interés por el ejercicio físico.

Esto mismo es aplicable al resto de áreas (creatividad, interés por aprender, excelencia académica, idiomas…). Por eso desde Idiena reforzamos y promovemos una visión 360º, que implique a los profesores, a los alumnos y a las familias, y lograr así un impacto total y coherente en el desarrollo del niño.

¿Cómo implantar la educación emocional en los centros educativos?

Con una visión estratégica, transversal, planificada y a largo plazo, que cubra todas las etapas de los alumnos, planteada no necesariamente como una asignatura (tal y como lo propone la OCDE), sino como el medio en el que se desarrolla el alumno, con quien se trabaje de manera tanto individual como grupal el desarrollo de las distintas competencias emocionales según su curso académico y grado de madurez.

¿Cuál es la estrategia que en este sentido propone Idiena?

En Idiena abogamos por una educación emocional enfocada a la práctica. Una educación emocional que comience desde que el alumno comience en el colegio hasta que finalice sus estudios. Una metodología única que basamos en el micro aprendizaje (pequeñas dosis de conocimiento), los micro hábitos (adquisición de pequeñas rutinas diarias, sencillas, que se vayan trabajando e interiorizando de una manera real) y el uso de la tecnología, con formatos audiovisuales e interactivos que están en línea con las nuevas formas de aprender, atractivas y fáciles de seguir.

Planteamos la formación por etapas educativas y cursos académicos, adaptando el desarrollo de las distintas habilidades emocionales a las necesidades propias de la edad, al mejor momento cognitivo y psicológico para aprenderlas e interiorizarlas, así como al grado de madurez del alumno. Debemos comenzar cuanto antes a educar emocionalmente, pero de manera urgente en la pre adolescencia y adolescencia aunque deberíamos poder hacerlo desde el primer momento, tal y como comentábamos antes.

Una metodología no intrusiva para el centro educativo, escalable y económicamente viable que garantiza una educación emocional diferencial y real para el alumno, preparándole para la vida y para el mundo profesional.

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