Sensores, cámaras o wearables, ¿el Gran Hermano en educación?

En las últimas semanas hemos ido reflexionando sobre distintos dispositivos en educación. Comenzamos por las tabletas y seguimos con los portátiles, móviles, realidad virtual y aumentada y pizarras digitales. Completaremos hoy el abanico de posibilidades de hardware con un análisis de otros dispositivos que poco a poco empiezan a proliferar en algunas aulas, sobre todo en países como China: los sensores, cámaras o wearables.

Este es uno de los puntos más polémicos cuando se piensa en el futuro de las aulas con el auge de la Inteligencia Artificial y el poder de los datos. Continuamente se están publicando en distintos medios informaciones sobre colegios en China donde los estudiantes tienen que acceder a través de sistemas de reconocimiento facial y son permanentemente vigilados para detectar si están atentos o no en el aula. Es cierto que muchas de estas experiencias son puro laboratorio, pero también lo es que se trata de una posibilidad real.

Escudriñando estudiantes

Estamos viviendo una era de fascinación por la recogida de datos. Muchos piensan que la acumulación de información sobre los estudiantes y sus actuaciones nos ayudarán a mejorar de alguna manera que aún no comprendemos bien los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por eso están proliferando dispositivos para la toma de datos de los estudiantes como cámaras con inteligencia artificial, pulseras, diademas, anillos, gafas o relojes. Esto no es solamente un fenómeno exótico que solamente se da en Oriente. En España también podemos ver que alguna empresa ofrece ya este tipo de dispositivos.

¿Cuál es el objetivo? Se supone que por ejemplo evaluando el nivel de atención de los estudiantes durante una clase gracias a este tipo de aparatos, y probando distintas metodologías didácticas, se puede concluir cuál de ellas es superior. En principio, podría parecer razonable.

Estas iniciativas tendrán en todo caso que ganarse la confianza de los docentes y de las familias, ya que parece que lo que se quiere de alguna manera es utilizar a los estudiantes como sujetos de experimentación, y capturar datos y más datos. Todo sea por el buen fin de mejorar la educación.

¿Merece la pena?

Pero este verdadero «Gran Hermano» en la educación, ¿valdrá para algo? Desde nuestro punto de vista, pensamos que la mera acumulación de datos sobre los estudiantes no es una vía para la mejora de la educación. Mucho más aún cuando no se parte de algún tipo de planteamiento previo que oriente esa captura de información.

Solamente podría tener un mínimo de sentido cuando los datos tuvieran en cuenta con mucha exactitud qué tarea precisa está acometiendo cada estudiante en cada momento. Pero de ahí tampoco obtendríamos información relevante. Como mucho, sabremos si hay contenidos o actividades que son placenteras o desagradables. Este tipo de datos por ejemplo son muy valiosos para el negocio audiovisual («esta serie está gustando o no», etc.). ¿Pero en educación?

Lo que sí ayudaría es tener algún tipo de sistema experto que pudiera reaccionar con una ayuda efectiva en tiempo real cuando detectara que un estudiante está teniendo algún problema con una actividad específica, está poniéndose nervioso y pudiera calmarlo, o evaluara que necesita un descanso y lo propusiera, etc. El valor realmente estaría en el feedback que pudiéramos dar al estudiante, no en captar cómo se encuentra este.

Resulta curioso que estemos viviendo una tendencia de desplegar dispositivos para intentar comprender cómo es el aprendizaje de los estudiantes, cuando tenemos ya todo un conocimiento acumulado al respecto, y en muchos ámbitos con un alto grado de consenso. Por eso pensamos que este tipo de aparatos son ciertamente positivos en un ámbito puro de investigación, o quizá como mucho en determinados entornos clínicos, pero no en el aula. No obstante, y como siempre, estamos abiertos a que nos convenzan de lo contrario.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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