¿Son galgos o podencos?

two white rabbits

La famosa fábula de Iriarte en la que dos conejos discuten sobre las figuras que ven acercarse desde la distancia bien se podría aplicar a la nueva polémica que se ha creado con la supresión de las recuperaciones y la posibilidad de poder obtener el título de graduado con asignaturas no superadas; de la misma forma que, una vez están cursando el Bachillerato, podrían suspender una asignatura y aun así presentarse a la EVAU para acceder a niveles universitarios.

Para quienes no estén al tanto, en esta época de proliferación de redes sociales y poca lectura, los dos conejos sentados plácidamente en un montículo discutían sobre la raza de los perros que se les iban paulatinamente acercando. Serán galgos, sostenía uno de ellos; mientras que el otro aseguraba que eran podencos. Tanto más daba que fueran una cosa u otra, porque la realidad es que las dos razas de perros son especialistas en la caza de liebres y conejos. Como así ocurrió.

Nos viene a señalar esta fábula que a veces nos enzarzamos en discusiones vanas, estériles, sin de verdad entrar en la raíz del problema. Discutir de la raza de los perros, supuso la sentencia de muerte de los conejos.

Presentaba esta semana, la ministra Alegría, el R.D. de Evaluación, promoción y titulación que recoge las instrucciones en esta materia para los docentes, y cuya aplicación, espera el ministerio, sea efectiva los cursos 21/22 y 22/23. Ya aquí nos encontramos con el primer inconveniente, y es que, una vez iniciado el curso, aunque solo sea por una cuestión meramente formal, no se deberían cambiar las reglas del juego. Si bien es verdad, que este gobierno se ha mostrado siempre muy propenso a cambiar las reglas del juego, vulnerar la seguridad jurídica o descerrajar la estructura institucional del Estado. Como no podía ser de otra forma habida cuenta de los compañeros de viaje del propio gobierno. Sin embargo, el ministerio presidido por la Sra. Alegría había dado muestras de volver a un discurso menos frentista y más amable y concienciado sobre las necesidades y características del sector. No podemos olvidar que la Sra. ministra había ejercido previamente el cargo de consejera de educación en la Comunidad de Aragón. Quieras que no, esto debe arrastrar impronta y, al menos, se esperaba que, siendo como debía ser consciente de que una vez iniciado el curso no se debe cambiar el rumbo de la nave, lo iba a respetar. Pues bien, la primera en la frente.

Los argumentos esgrimidos para la adopción de esta medida son, básicamente, hacer decrecer la tasa de abandono escolar de nuestro sistema, que se estima sea algunas décimas por encima del 16%. Muy elevada en comparación con los países de nuestro entorno. Ese ha sido el argumento que sostuvo la ministra en la rueda de prensa. Si es esa de verdad, que lo dudo, la explicación, se me ocurre señalar que no parece muy sensato eliminar un elemento del sistema que nos señala una necesidad -la de que el alumnado afectado no ha llegado a los niveles mínimos exigidos para continuar su carrera académica o insertarse en el mundo laboral-, con el objetivo de así hacer decrecer el índice de abandono. En todo caso, ahí no está el problema.

La realidad es que, siendo discutible la flexibilización de los criterios para la titulación, incluso el abrir la puerta a que parte del alumnado promocione con asignaturas sin haberse superado los objetivos mínimos de las mismas, con esta medida se generan varios problemas y se soluciona solo un dato estadístico sin abordar la raíz de la cuestión.
Por un lado estoy en parte de acuerdo con aquellos que señalan que una progresiva eliminación de determinadas exigencias del sistema educativo, puede acarrear un paulatino sentimiento de laxitud y decreciente exigencia -conviene debatir mucho este concepto- que arrastre a una cierta ambigüedad y dejar sin sustancia a nuestro sistema educativo. Sobre todo, si esta cuestión solo se entiende desde un punto de vista logocéntrico y no competencial.

Hace unos días un colega de profesión me mandó un mensaje cargado de ironía y un puntito de mala leche: “¿Por qué no les damos el aprobado junto a la partida de nacimiento, y así el Estado se ahorra una pasta en coste educativo?”. Le respondo señalando que siendo verdad que la flexibilización de medidas puede llegar a interpretarse como un mensaje en esa línea, la realidad es que si todavía mucho docente sigue empeñado en: fichas, deberes, exámenes, modelo magistocéntrico y logocéntrico, actuaciones punitivas frente a la incapacidad de aprendizaje de su alumnado o actuaciones de recuperación “las largas tardes de estío”(siempre me gustó Serrat, incluso en esas largas tardes de verano), pues mejor nos ahorramos el sufrimiento innecesario de ese alumnado. Porque no va a aprender. Nos pongamos, como nos pongamos.

La siguiente consideración respecto de la medida es que, si hemos determinado que ese contenido que señala la ley, y esos objetivos mínimos son los adecuados -tanto para continuar su carrera académica o insertarse a un mundo laboral con esos requisitos-, y hay alumnado que no llega a, sea la razón que sea, poder adquirirlo, debemos plantearnos que alternativas tenemos para lograr eso objetivos. Y no que actuaciones seguimos para suprimir el indicador que nos dice que el sistema falla. Es decir, lo adecuado sería plantearnos cómo vamos a reinsertar en el mundo académico o en el profesional, a esos jóvenes que nos son capaces de llegar a los objetivos mínimos de contenidos y competencias, que como sociedad entendemos deben tener nuestros futuros ciudadanos. Esa cuestión aún no se ha abordado suficientemente bien, y la solución podría venir de la mano de la F.P. Básica, si conseguimos que se vaya prestigiando, como ya lo están haciendo sus “mayores”. Por cierto, en cuanto las Universidades – y especialmente las privadas- han visto en ellas posibilidades de desarrollo y se han encargado de desarrollar propuestas extraordinariamente atractivas y de alta empleabilidad.

Concluyo señalando que seguimos enzarzados en discutir cuestiones baladíes. La raíz del problema está en cuáles van a ser las necesidades de las sociedades futuras, y fundamentalmente relacionado con el mundo laboral -pero no solo- y, en consecuencia, que les vamos a proponer a ese alumnado como itinerarios educativos y formativos que les permitan ser ciudadanos plenos y libres.

Jaime García Crespo, CEO de Grupo Educación y Sistemas

 

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