Por un súper PROA de refuerzo educativo en el curso 2020-21

Esta es ya la cuarta entrada semanal dedicada al coronavirus. Escribo en la tarde del lunes 30 de marzo, el primer día en el que ya ha entrado en vigor en España la parada de todas las actividades que no hayan sido consideradas esenciales. Estamos en 7.340 fallecidos. No hay claridad sobre cuándo podrá terminar la reclusión.

En este diario digital hablamos sobre educación, y en esta sección semanal hemos hecho algunas propuestas sobre todo pensando en la escuela post coronavirus. Eso se debe a que hacer planes para este curso 2019-20 que está en su tramo final es realmente complicado. Fundamentalmente porque no sabemos a qué atenernos con respecto a si los estudiantes podrán regresar a los centros aunque sea durante unas pocas semanas, o no. Y mientras tanto, docentes, estudiantes y familias están dando lo que buenamente pueden.

Lo único que podremos hacer en este curso es terminarlo de la mejor manera posible. El aspecto más complejo es el de la evaluación de los estudiantes. A este respecto particular, podemos remitirnos a este análisis que ha publicado Fernando Trujillo hoy mismo (ver aquí) y donde establece cuatro escenarios posibles, aunque algunos sean poco sensatos (¿aprobados generales aunque sea con condiciones?).

El principal problema que hay que afrontar es que las desigualdades entre estudiantes van a aumentar mucho con el coronavirus. En una situación normal, ya hay mucha diferencia entre los estudiantes más aventajados y los rezagados. Por eso se hace atención a la diversidad. Pero el coronavirus va a hacer que la diversidad entre las situaciones de los estudiantes se multiplique.

La mayoría de los que ya iban mal, después del coronavirus se habrán estancado o incluso habrán retrocedido. Y muchos de los que iban mejor quizá hayan podido seguir el ritmo o incluso lo hayan acelerado con recursos adicionales en sus casas. En cualquier caso, el impacto va a ser muy negativo en general.

Mucho se está hablando de alargar el curso, añadiendo algunas semanas más. Es una medida muy controvertida y, además de los problemas inherentes a trasladar calendarios, muchos consideran que los centros no están preparados para trabajar en el clima caluroso del verano. Si se piensa en recuperar tiempo de escuela presencial, en todo caso tendría más sentido adelantar el comienzo del curso que viene.

Lo que por nuestra parte pensamos es que resulta fundamental preparar bien sobre todo el curso que viene. Y a ello vamos a continuación.

Curso 2020-21

La semana pasada hablábamos de la necesidad de establecer evaluaciones diagnósticas masivas para los estudiantes (ver aquí), y así poder detectar la verdadera situación de los estudiantes cuanto antes. Esta es una medida que a muchos les puede resultar compleja de implementar. Sin embargo, hay mucha experiencia ya acumulada en este tipo de tareas. Esa experiencia debería utilizarse para optimizar los procesos y convertirlos ya en 100% digitales. Es algo perfectamente posible.

Naturalmente, es algo que harán todos los docentes de manera formal o informal. El comienzo del curso 2020-21 será totalmente distinto al de cualquier otro año. Esa gran evaluación diagnóstica (que no «para calificar») puede articularse a un nivel macro, pero también a un nivel micro, en cada aula. Los docentes, con su profesionalidad, como siempre, actuarán. Serán capaces rápidamente de identificar a los estudiantes con más problemas y a los que no han perdido ritmo.

Pero donde claramente el trabajo individual de los docentes no resultará suficiente es en el refuerzo para los estudiantes rezagados. Me refiero a que los docentes en el curso 2020-21 intentarán atender a la diversidad de sus estudiantes como siempre hacen, pero esa atención a la diversidad requerirá de un volumen mucho mayor de lo habitual de recursos, si es que queremos que el desempeño general de los estudiantes no se resienta.

Un súper PROA

Por eso lo que proponemos hoy es que se lance una gran acción desde la administración para reforzar a los estudiantes con más dificultades. Es la mejor manera para recobrar cuanto antes todo lo perdido.

La mejor experiencia reciente que tenemos son los diferentes planes PROA (Plan de Refuerzo, Orientación y Apoyo), que se vinieron desarrollando en coordinación entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas desde 2005 al 2011. Fue una iniciativa que se recortó en los Presupuestos Generales del Estado del 2012 por «inviable». Y desde entonces no se ha vuelto a relanzar.

¿Qué repercusión tuvieron los planes PROA en el desempeño de los estudiantes? Hay evidencias de que funcionaron bien. Así se recoge sobre todo en un estudio que se publicó en octubre de 2017 y que puede encontrarse aquí. En él se establece que el efecto fue sustancialmente positivo, sobre todo allí donde el programa se implementó durante más de tres años. Y es que la educación es un proceso cuyos resultados se observan sobre todo a medio y largo plazo.

Y eso es lo que necesitamos empezar a planear ya. Comenzando en el próximo curso 2020-21, pero siguiendo también en los siguientes.

La educación española ya era la más atrasada de Europa en términos de abandono escolar temprano, y si no respondemos con contundencia nuestra desventaja con el resto de países de nuestro entorno se hará aún más grande.

Es hora de estar a la altura de los tiempos. También en educación.

Julián Alberto Martín

La tecnología, ¿mejora la educación?

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