Tener un cargo no es suficiente

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¿Te has encontrado alguna vez en la situación de asumir un cargo de responsabilidad y sentir que “puedes con ello”, pero que aún no tienes las herramientas adecuadas para ejercerlo de la mejor manera? Yo creo que, en un momento u otro, hemos tenido esa sensación cuando alguien ha confiado en nosotros la dirección de un centro educativo o de una de sus etapas. Y debo decir que eso es NORMAL. Nosotros hemos nacido con un potencial que está a la espera de ser desarrollado, pero hay que desarrollarlo y eso no se consigue con el “cartelito” que nos ponen en la puerta del despacho.

A lo largo de mi carrera profesional me he encontrado con personas que han tenido la suerte de ejercer un cargo de dirección, pero no han sabido descubrir que eso no es suficiente para hacerlo bien. El cargo no es lo que te hace ser un buen líder. Y ¿qué hacer?

Para poder responderte, primero debo advertirte de algo: mi punto de partida en cualquier cargo de responsabilidad, y más en un centro educativo, es que todo lo que hacemos es un acto educativo. Precisamente por ello, lo primero que tengo que plantearme frente a un nuevo reto es cómo quiero construirlo. Y ahí entran muchísimos matices: con quién, cuándo, de qué manera…

Todo lo que elijo en cada momento es relevante de una manera u otra, de ahí que sea mi obligación profesional (y moral, por qué no decirlo) darme razones de por qué elijo un camino u otro.

En el momento en que nos dan (o damos) la responsabilidad de ser el “capitán del barco” debemos hacer un buen repaso de todas nuestras habilidades adquiridas y de nuestras carencias: saber relacionarse, saber dialogar, tener autodominio, ser proactivo…

Un directivo, por encima de todo, tiene la oportunidad de liderar la posibilidad de generar un cambio positivo en las personas que tiene a su alrededor. Y ese camino es más efectivo si tenemos en cuenta una serie de acciones clave. Y digo acciones porque el ser humano es un ser en acción, en movimiento constante. Y ese “movimiento” debe servir para ascender día tras día, ser un poquito mejores y hacer mejores a los demás. En eso consiste educar y liderar, ¿no crees?

Y ahora me podrías decir: “Sí, Javier, eso está muy bien, pero yo tengo que conseguir unos objetivos, que mi equipo empuje adecuadamente, ganar alumnos…” Y yo te respondería: “Sí, tienes razón, eso es necesario…, pero secundario.” Lo que va a hacer que todo eso se cumpla  va a ser tu manera de liderar, tu mirada a lo que tienes a tu alrededor, tu forma de escuchar, tu sensibilidad a todo lo que te rodea.

Por eso, creo que hay claves fundamentales que nos ayudan a forjar una “personalidad de liderazgo” que tendrá como consecuencia conseguir nuestros objetivos. Estoy convencido de ello. ¡Cuidado, mi querido lector! Nadie dice que sea fácil, pero sí posible.

El equipo directivo de un centro educativo debe tener claro que la mayor proeza educativa (porque es la acción en sí de educar) pasa por ayudar a que la otra persona se pueda desarrollar en plenitud. Y si eso no lo desarrollamos en nuestra propia vida y en nuestra manera de dirigir…, difícil será contagiarlo y mucho menos acompañarlo.

Y eso pasa por analizar, en primer lugar, nuestra actitud frente al otro, ya que en función de esto tendremos a nuestro alrededor un tipo de personas u otras. Me explico…

  • Si tu actitud es de imponer órdenes y acciones, señalando minuciosamente lo que se debe hacer y teniendo el control de todo necesitarás de muchos sermones teóricos y tu expresión favorita será “tienes que…” Y esto hará que te rodees de personas muy sumisas o muy rebeldes. Piénsalo
  • Si tu actitud es todo lo contrario: absoluta libertad, sin indicar ningún camino ni objetivo, te rodearás de personas acríticas y pasivas. Reflexiónalo.
  • Si tu actitud es proactiva, generando foros de creatividad, ofreciendo posibles caminos de trabajo y haciendo que los demás colaboren en tus decisiones, conseguirás que las personas que trabajan contigo lo hagan de forma libre, responsable y con la confianza de saber que equivocarse es una oportunidad de mejora. Pruébalo.

Estoy convencido de que todos queremos que nuestros equipos funcionen bien y que se “entreguen a la causa”, pero a “qué causa”… El punto de partida, aunque nos cueste reconocerlo, es dirigir siendo conscientes de que el proyecto que capitaneamos no es nuestro…, sino de todos.

Esto me lleva al último punto que quería compartir en este artículo. ¿Cómo puedo llegar a ser ese líder que trabaja de forma personalizada y servicial? Pues, desde mi punto de vista, hay una serie de claves personales que debemos cultivar para desarrollarnos de forma adecuada.

Humildad

Da igual el tiempo que lleves en la dirección, siempre hay algo nuevo que aprender, por pequeño que sea. Yo creo que justamente en el matiz de aquello que hacemos reside el éxito de nuestras acciones. Las personas nos siguen por lo que les inspiramos, no por lo que les pedimos.

Ser humilde me permite ver mis grandes fortalezas y debilidades, porque la humildad no está reñida con la verdad, sino todo lo contrario. El liderazgo verdadero reside en la humildad en la acción. Y eso pasa por ver al que tenemos frente a nosotros como una oportunidad de aprendizaje a mis años de experiencia.

Confianza

Hace ya muchos años que entendí que la confianza hay que ganársela. No podemos creer que por el hecho de tener un cargo van a confiar en nosotros. De hecho, muchas veces sucede absolutamente todo lo contrario.

La cercanía, el diálogo abierto y sin censuras, el respeto y la apertura a todo lo que pueda ser un bien para nuestro colegio será la siembra necesaria para que, poco a poco, haya una cultura de confianza en el colegio y, fundamentalmente, en tu equipo. Y olvídate de eso de “haz lo que yo diga y no lo que yo haga”. Tú hazlo. Siembra confianza desde tus actos.

Esperanza

Debemos ser auténticos faros de esperanza. No somos los portadores de problemas y malas noticias, sino los constructores de objetivos y metas. Los ingenieros de herramientas adecuadas para llegar lejos. Los científicos que solucionan los jeroglíficos diarios… Somos la cabeza visible de todo lo que sucede en el centro y, por ello, debemos vivir, cada día, con esa esperanza entendida como el camino seguro hacia el éxito gracias a un equipo, a un gran objetivo y a una comunidad educativa en la que nos apoyamos.

Formación

Un buen directivo es el que entiende que debe estar actualizado constantemente. Hoy no es ayer, ni mañana, pero debo “echar un vistazo” a los dos lados para saber resituar lo que sea necesario. Y eso requiere formación. Y no cualquiera. Y no solo tú… Sí, lo sé, es tiempo y dinero. Tanto una cosa como la otra se resumen en una palabra: inversión.

Aprendizaje

Henry Ford decía que no es lo mismo 30 años de experiencia que un año de experiencia repetido 30 veces. Y así es. Nuestro día a día lo debemos vivir como un aprendizaje constante. Y no solo gracias a nuestros errores, sino también a nuestros aciertos. Y, por qué no, también gracias a los que nos rodean que tienen mucho que aportar y ofrecer. Ser “jefe” no te convierte en infalible ni en perfecto, pero en cambio la suma de dones de una comunidad educativa es lo que puede acercarnos a la perfección de nuestros actos. Juntos.

El aprendizaje es clave para un directivo, ya que forja un “guerrero” cada vez más experimentado, con más estrategias, mayor visión y creatividad. Por no hablar de la templanza y la prudencia que nos va regalando el tiempo…, si has dejado que la humildad entre en tu vida, claro.

Contraste

¿Sabes qué es lo menos habitual en un directivo? Pedir a su equipo que le hagan una valoración. Es verdad que una valoración debe apoyarse en datos concretos y hacerlo con herramientas adecuadas. Yo no digo que no, pero aún así, no gusta mucho.

Sin embargo, creo que es fundamental para el buen hacer de cualquier directivo. Ver dónde emerge mi parte creativa y mi parte reactiva. Y soy muy consciente de que no todo el mundo está preparado para hacer una valoración justa y equilibrada. Pero tiene fácil solución…, enseñémosle a hacerla, ¿no? La mirada de otras personas sobre mi trabajo, ampliará mi mirada y mejorará los resultados.

No sé si ahora te percatas de por qué la primera “característica” que he indicado es la humildad. Sin ella, todo lo demás se hace complicado, por no decir imposible, ¿no crees?

¿Te has dado cuenta de que aún no he hablado de lo que debe hacer tu equipo, ni tu claustro, ni tus familias?

Javier Luna Calvera, experto en Gestión Educativa coach educativo

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