Ultima cogitationes

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Me perdonarán ustedes que haya utilizado el latín para titular mi último artículo de la temporada. Soy de esa generación que veneraba tanto el latín, que lo empezó en Primero de BUP y lo terminó en Tercero. El de Primero, digo. En todo caso, lo que viene a decir el título del artículo, en castellano madurado, es: Últimas Reflexiones. Del curso, claro.

Sí me quedé con aquello de: Cogito, ergo sum. O “Pienso, luego existo”. Descartes, para más señas. Que digo yo, que pudiendo haberlo escrito en francés y hubiera sido más comprensible, porqué René se tomó la molestia de traducirlo a una lengua “no viva” que complicaba su comprensión al vulgo. En fin. Cosas de los pedantes, que diría algún alumno de nuestros colegios.

En todo caso, me permitirán que me centre en el objeto de este último artículo de la temporada, que no es otro que hacer un repaso de lo que este curso nos ha deparado.

Se acerca el estío. Cómo me recuerda esa palabra a Serrat. También a Machado y a las moscas del primer hastío. Toca echar la vista atrás y analizar lo que nos ha tocado vivir en los centros en este año tan atípico y doloroso.

He referido en algunas ocasiones que cuando inició este curso no “daba un duro” porque no se nos confinara a las pocas semanas de su comienzo. Es obvio que me equivoqué en el pronóstico y que pese al total desgobierno que los centros sufrimos en esos inicios; a la falta de instrucciones claras; a la improvisación de las contrataciones masivas por parte de algunas administraciones que dejaron “desnudos” de un profesorado con el que ya se contaba para la organización escolar del curso a muchos centros; o a la sucesión de orden y contraorden en lo que a las pruebas médicas se refiere; la realidad es que, organizativamente hablando, los centros han mantenido una estabilidad razonable, se convirtieron en sitios seguros, y han sido pocos los casos de cierres totales. En esto hay que romper una lanza en favor del esfuerzo colectivo que se ha hecho en casi todos ellos. La toma de conciencia del alumnado, profesorado y demás personal de los centros sobre la gravedad de la situación, todo ello unido a las medidas preventivas implantadas, han provocado que podamos decir que el resultado final ha sido un éxito. En algún artículo de enero, en plena controversia sobre el tema tras la vuelta de las vacaciones de navidad, señalé que los centros se tornaron en lugares seguros y factores relevantes para el control de la expansión de la enfermedad. Y en eso no erré.

Sin embargo, a pesar del éxito organizativo general de los centros; aun atendiendo a las medidas de atención educativa online para los alumnos que precisaban quedarse en casa por algún motivo – ya fuera por la pandemia, enfermedad o accidente-  y que abrieron una nueva frontera espacio-temporal que servirá de base para actuaciones educativas de futuro (ya saben que también he defendido que un modelo blended/híbrido en cuanto a contexto educativo offline u online es una línea de trabajo que germinará más pronto que tarde en nuestros centros). Pese a todo ello, la realidad es que el curso ha tenido claroscuros y, quizás en donde se ha mostrado más deficitario ha sido en la parte emocional.

Los maestros y el profesorado han sufrido un desgaste inaudito. Este final de curso se está haciendo muy complicado y la tensión soportada por los duros meses que dejamos tras de nosotros, se palpa en el ambiente. La sensación de saturación. La desesperación que se observa en algunos rostros, señala la dureza de lo acontecido. Hemos exigido a estos profesionales a los que pocos reconocimientos se les han profesado, que den el 200% de sí mismos durante un año y medio de una complejidad nunca antes vivida. Hemos sido tan poco empáticos, además, que en muchos casos no nos hemos dado cuenta de que no solo se desvivían por nuestros hijos, sino que además ellos debían ocuparse de los suyos y de sus mayores. Sí, muchos han tenido la fortuna de trabajar durante todo este tiempo, a diferencia de otros muchos ciudadanos que se han visto abocados a un ERTE, ¿pero en qué condiciones? ¿en qué situación emocional? ¿cuál ha sido su desgaste? Les puedo asegurar que tremendo. Desde estas líneas mi más sentido reconocimiento y agradecimiento a todos nuestros profesionales educativos.

Si el profesorado ha pasado esa situación, nuestro alumnado no le ha ido a la zaga. Sobre todo durante los primeros meses. Adaptarse a una situación que aconsejaba evitar el contacto físico y, por tanto, el lazo emocional, fue durísimo para los niños más pequeños (ed. Infantil y Primaria) tan acostumbrados a un contacto estrecho con compañeros y docentes. No podemos olvidar que somos una sociedad del sur de Europa y que nuestro modelo relacional dista mucho de las sociedades del norte. Perdimos ese contacto y, lo crean o no, era extraño y doloroso, atisbar lo que acontecía en las clases y en los recreos. Era necesario, sin duda, pero se veía a niños y profesorado desubicados y buscándose unos a otros. Necesitaban ese calor que se había dejado de tener.

Las familias no han sido ajenas a este sufrimiento. La imposibilidad de entrar a los centros, así como sus propias preocupaciones personales y profesionales, han creado un desapego muy importante. Ha sorprendido, aunque se puede llegar a entender según qué situaciones se hubieran vivido, algunas reacciones fuera de tono, extemporáneas, incluso ofensivas.

Es necesario reconstruir el sentido de comunidad. Precisamos volver a estrechar lazos personales. Es fundamental recuperar el pulso emocional entre unos y otros, porque todos tenemos un objetivo común: nuestros alumnos.

El año ha dejado dolor, ausencia, desafección y es obligado recuperarnos personal y socialmente. Lo haremos. Llevará tiempo. Sobre todo a algunos. Pero hemos de ser conscientes de la importancia de ello y poner todos los medios necesarios para normalizar una situación atípica.

Me van a permitir que les despida con un poema atribuido a Mario Benedetti que creo que es muy oportuno para afrontar lo que hemos vivido y lo que debemos vivir:

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Les deseo un maravilloso verano que nos traiga la recuperación mental y emocional que precisamos.

Muchas gracias por haberme regalado su tiempo en estos meses acompañándome con su lectura en estos artículos de “EL lápiz afilado”.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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