Un estudio prueba que la familia influye en la forma de consumir alcohol y cannabis en la adolescencia

person making cannabis joint

Aquellos adolescentes que conviven en familias con mayores niveles de apoyo social y menor presencia de conflicto consumen menos estas sustancias que aquellos que lo hacen en hogares con menos comunicación y más conflicto. Así lo revela una investigación en la que han colaborado las universidades de Oviedo, Internacional de Valencia y Santiago de Compostela.

El trabajo saca a la luz también diferencias significativas en la relación entre los chicos y las chicas consumidores con las sustancias, lo que, de acuerdo con sus autores, aconseja un abordaje específico atendiendo a estas diferencias por sexos. El estudio acaba de ser publicado en la revista Addictive Behaviors.

La investigación recoge un estudio colaborativo que constituye una de las publicaciones de la tesis doctoral de Dalila Eslava, que será defendida a finales de este año, y que ha sido dirigida por la profesora Susana Al-Halabí (Universidad de Oviedo) y el profesor Víctor J. Villanueva-Blasco (Universidad Internacional de Valencia). En él, han participado también la profesora Carmela Martínez-Vispo (Universidad de Santiago de Compostela) y el profesor José Errasti, también de la Universidad de Oviedo.

La profesora Susana Al-Halabí recuerda, en declaraciones a la universidad de Oviedo, que los datos más recientes de la prevalencia de consumo de sustancias en España señalan que el alcohol y el cannabis son, respectivamente, la sustancia legal e ilegal más consumidas durante la adolescencia. La literatura previa ha mostrado que el consumo conjunto de alcohol y cannabis se relaciona con una mayor frecuencia y cantidad de consumo de ambas sustancias que cuando se consumen solas, así como con una mayor probabilidad de conducir bajo el efecto de las drogas, de practicar conductas sexuales de riesgo y de presentar problemas de salud mental a largo plazo.

“La asociación entre el consumo de sustancias en la adolescencia y la relación con la familia está bien establecida por la literatura. Así, una mayor presencia de conflicto interpersonal en la familia predice un consumo más prolongado y problemático”, subraya Al-Halabí.

“Por otro lado, otras variables familiares como el apoyo y una buena comunicación también tienen una influencia significativa en el desarrollo de comportamientos saludables en los adolescentes”, añade. De hecho, se ha observado un menor riesgo de consumo en jóvenes que tienen un buen apoyo familiar y una buena comunicación con sus padres.

Otro factor familiar ampliamente estudiado son las normas respecto al propio consumo. “Hay consenso en que cuando los adolescentes no tienen normas claras sobre el consumo o perciben que sus padres aprueban el consumo su frecuencia de uso de sustancias es mayor”, destaca la profesora.

No obstante, la bibliografía respecto a la relación de las variables familiares con el consumo conjunto de alcohol y cannabis en la adolescencia es escasa. “Hasta donde sabemos, no hay estudios previos que hayan examinado la asociación de las variables familiares con el consumo dual de alcohol y cannabis en función del sexo.  Este análisis podría ser de interés, pues los padres parecen fomentar comportamientos diferentes en sus hijos que en sus hijas y, a su vez, los adolescentes, según su sexo, parecen interpretar el contexto familiar de manera diferente”, indica.

El objetivo de este estudio fue examinar, en una muestra de adolescentes, la relación entre las variables familiares de comunicación, apoyo social, conflicto y establecimientos de reglas y consecuencias, con el consumo dual de alcohol y cannabis en comparación con el consumo solo de alcohol y el no consumo. Tales diferencias se examinaron en función de sexo y en el marco temporal de los últimos 30 días, lo que permite hallazgos más fiables de la relación con las variables familiares en el momento presente.

El estudio contó con una muestra de conveniencia compuesta por 879 participantes de Institutos de Educación Secundaria (56.4% hombres; edad media (DT) = 14.25 (1.88), rango = 11-18). Los padres o tutores legales de los estudiantes firmaron un consentimiento informado para la participación voluntaria de los menores en el estudio. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Investigación de la comunidad autónoma de Aragón y de la Universidad Internacional de Valencia.  Los datos se recogieron de acuerdo con la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales.

Datos de consumo

Según este estudio, el 23.9% de los chicos y el 29.2% de las chicas consumió alcohol durante los últimos 30 días. El 9,9% de los chicos y el 7,6% de las chicas indicaron que consumieron alcohol y cannabis de forma conjunta durante el último mes. Con relación a las variables familiares, las chicas indicaron la presencia de una mejor comunicación y más apoyo social en sus familias que los chicos.

En términos generales, los hallazgos apuntan a que las variables familiares influyen en la probabilidad de los adolescentes de consumir alcohol y cannabis, pero con algunas diferencias tanto en función del sexo como para cada tipo de consumo. Estos hallazgos no solo amplían el conocimiento existente relativo al consumo de alcohol, sino también contribuyen a la escasa evidencia disponible para el consumo concomitante de alcohol y cannabis.

“Los resultados mostraron que los adolescentes no consumidores presentaron un mejor funcionamiento familiar, con una mejor comunicación y apoyo social, menor presencia de conflicto y la presencia coherente de consecuencias por saltarse las normas”, apunta la profesora de la Universidad de Oviedo.

“Los participantes con mayor conflicto familiar tuvieron una mayor probabilidad de ser consumidores tanto de alcohol como de alcohol conjuntamente con cannabis. En el presente estudio, esta relación únicamente se encontró en los chicos”, destaca.

Respecto a las chicas, una mejor comunicación familiar estuvo asociada a una menor probabilidad de consumir alcohol. Por otro lado, entre aquellas chicas cuyas familias aplicaban consecuencias coherentes por saltarse las normas familiares, se observó una menor probabilidad de ser consumidoras de alcohol y cannabis”, añade.

“Nuestros resultados muestran la implicación de la familia en la prevención del consumo de sustancias en la adolescencia, además de la necesidad de tener en cuenta las diferencias de sexo en este tipo de intervenciones”, asegura la investigadora.

Por último, “un hallazgo destacable es que la influencia de las variables familiares no mostró diferencias en la probabilidad de consumir alcohol y cannabis conjuntamente o solo alcohol, a excepción de cuando se examinaron las diferencias en las consecuencias por saltarse las normas en chicas”, indica Al-Halabí.

Este hallazgo es novedoso ya que no hay estudios previos que hayan examinado la relación diferencial de las variables familiares respecto a estas dos formas de consumo. Una hipótesis que podría explicar, al menos en parte, este resultado es la normalización y aceptación cada vez mayor del consumo de cannabis. “Resulta fundamental seguir estudiando cómo impactan las variables familiares en los diferentes patrones de consumo a través de estudios longitudinales que analicen las diferencias por sexo de los participantes”, concluye.

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