La internacionalización de las universidades españolas: una oportunidad perdida

Hace unos años el economista Paul Krugman alertaba del riesgo de una segunda burbuja similar a la hipotecaria en los EEUU. Sus argumentos eran simples: el nivel de endeudamiento que sufrían los estudiantes norteamericanos para poder iniciar y concluir sus estudios en universidades de prestigio no se veía compensado por los niveles salariales que alcanzaban dichos estudiantes al incorporarse al mercado laboral. De momento parece que dicha burbuja, en términos generales, no ha estallado aunque nos debe poner en alerta y contemplarla como una posibilidad real. Desde luego Europa, con otro sistema universitario, nacido en otro momento histórico, con una realidades históricas diferentes, está alejado –parece- de esa situación. A pesar de ello, algo está pasando en las universidades españolas que nos debería de poner en un cierto estado de alerta como ciudadanos que buscamos diversidad en las opciones formativas y el prestigio de nuestras entidades.

A raíz de la llegada de la democracia, el panorama universitario español se incrementó de una manera notable. El estado de las autonomías hizo que el «parque» universitario público se incrementara hasta límites insospechados/innecesarios. Nadie tuvo en cuenta la pirámide demográfica española que, como país que día a día se acercaba a los estándares de los países en desarrollo, marcaba ya una notable tendencia a la disminución de las tasas de natalidad (por la incorporación de la mujer al mundo laboral y por la modificación de patrones culturales entre otras razones) lo que implicaba, entre otras cuestiones, un notable descenso del número de alumnos que pasarían por las aulas de las universidades. A este panorama se le tiene que añadir la presencia de la universidad privada, no sólo las del ámbito religioso, también las de origen privado con lo que el elenco de entidades de educación superior en España logró quedarse sobredimensionado para las posibilidades reales de la demografía española.

Poco o nada parece que hemos aprendido. En estos momentos en la Comunidad de Madrid están pendientes de arrancar tres proyectos de universidad que van a aumentar más el número de posibilidades que se ofrece a los, cada vez más escasos, alumnos. Uno de los resultados de este proceso -que afecta directamente al bolsillo de todos los españoles en el caso de las universidades públicas- ha sido el de encontrarnos con una alta capacidad instalada, de difícil reconversión, y un alto número de funcionarios públicos y personal laboral. De manera paralela, aunque en menor medida, el sector privado universitario tuvo los mismos resultados (salvo al nivel de funcionariado) a todos les pilló la imprevisión demográfica, por decirlo de manera suave o simplemente eran «constructores» metidos al negocio educativo, más pendientes de los activos inmobiliarios que de los proyectos formativos y la visión y misión de la universidad.

Era necesario salir a buscar nuevos alumnos. Es así como se inicia el denominado proceso de internacionalización de las universidades españolas, iniciado por las grandes escuelas de negocio españolas y continuado por las universidades, primero las privadas –aunque no todas- y más lentamente las universidades públicas. Todas han mirado y miran a América Latina como su lugar natural de obtención de alumnos. Todas están mirando hacia Asia como deseo y en algunos casos realidad y son pocas las universidades privadas que miran hacia los EEUU.

La educación del futuro

Pero las cosas han cambiado y seguirán cambiando aunque en este caso serán pocos a los que les pille con el paso cambiado. Hace tiempo que los inversores españoles renunciaron a desarrollar un modelo de universidad privada prestigiosa y alternativa/complementaria a la Iglesia y al sector público.

Latam ya no es lo que era en la década de los noventa. Todos o casi todos los países tienen instituciones de referencia en un número creciente y lo que es más importante, un elevado catálogo de productos formativos que hablan de tú a tú con los de las instituciones españolas. Ciertamente, la pujanza de los estudios on-line ralentizan los problemas del sector universitario privado español para el caso latinoamericano. Aunque la adquisición de un título universitario español (postgrado) ha tomado más fuerza al tratarse de un título de validez europea, los elementos que juegan a favor de que los estudiantes internacionales no salgan de sus países siguen siendo elevados: problemas de visado, de justificación económica y de cambio de vida durante  un periodo de tiempo largo. Además, una y otra vez nos empeñamos en replicar los modelos que muestran síntomas de agotamiento, utilizar a las instituciones educativas latinoamericanas como agentes comerciales de la oferta educativa española y, ese, creo, que no es el modelo. Si el objetivo es la formación estamos tardando en ver la confección de programas conjuntos. Conjuntos quiere decir compartiendo diseño y claustro, eso sí sería novedoso y atractivo para el estudiante que demande estudios y no servicios educativos.

Asia, en general, y China en particular consideran a España como la vía de entrada para la obtención de un título universitario. No como un lugar de prestigio para la formación. Para eso ya tienen a Canadá, EEUU y Australia. Nosotros somos un acelerador y una opción para alcanzar una titulación superior que en su país se les alargaría en el tiempo. Para los EEUU, España es una especie de parque temático en donde sus estudiantes pasan un semestre descubriendo otra forma de entender la vida. Eso sí, rodeados de un escenario grandilocuente.

A pesar de ello seguimos viendo cómo día a día diferentes actores compran universidades privadas. Al rechazar el sector privado español jugar el papel de crear «otro» tipo de Universidad, ajena a los principios que regulan y rigen a las universidades de la Iglesia y a las universidades púbicas, los campus privados españoles se han convertido en una plataforma más, un «campus» más, dentro de los grandes grupos educativos o de fondos de inversión. Un lugar en el que los estudiantes (internacionales o nacionales) ya no van demandando formación universitaria sino servicios universitarios entendiendo la formación como un servicio más al igual que las canchas de baloncesto, residencia, o cafetería. En el caso español parece que no se producirá la predicción del economista estadounidense, pero a cambio si obtendremos una uniformización de la calidad de nuestras entidades de educación superior privada en las que primará la venta y comercialización de servicios educativos sobre la idea de generación de conocimiento que es la que debería impulsar a la universidad y uno de los pilares de la propia creación de la Universidad. Con muy honrosas excepciones, hemos dejado de apostar por ser un país de referencia educativa  para convertirnos en productos de tour operadores, eso sí, educativos.

Pedro Carreras, consultor educativo experto en internacionalización

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