Una sociedad tarada. Unas organizaciones taradas.

Photo by Cassidy Dickens on Unsplash

La sociedad va a estar tarada -permítaseme la expresión-, luego las organizaciones van a estar taradas. Y lo van a estar, como consecuencia de unos interminables meses, quien sabe si años, en los que nos han descontextualizado como seres humanos.

Que la pandemia no solo está afectando sanitariamente en relación directa con la COVID 19, sino que también a otras enfermedades derivadas de ella, es una evidencia.

En los últimos días he escuchado con atención a un buen número de expertos psiquiatras y psicólogos que están advirtiendo del impacto que tantos meses de confinamiento, aislamiento, sufrimiento emocional, están teniendo sobre nosotros. Estos aspectos, que son incuestionables y que percibimos en nuestro día a día observando a nuestros profesionales, a nuestro alumnado o a familias, son factores que debemos y deberemos atender con sumo cuidado.

Ninguno de nosotros estaba preparado para soportar mentalmente algunas de las cuestiones que hemos señalado. Ninguno estábamos entrenado para aguantar una presión psíquica y emocional como la que estamos viviendo. Da igual que hayamos tenido la suerte de no sufrir la enfermedad y sus efectos; incluso, mayor suerte aún, si no nos ha tocado nadie cercano con síntomas graves o que pueda haber fallecido. La realidad es que, incluso habiendo evitado lo anterior, todos vivimos una situación de estrés derivado de la incertidumbre personal y profesional. Normal. Estamos sujetos a impactos informativos diarios sobre estas cuestiones, o viviendo circunstancias anómalas para el ser humano que, esencialmente, es un ser social.

Como gestores de organizaciones de características como las que tienen los centros educativos -contextos eminentemente sociales-, debemos ser conscientes de la importancia de analizar, trabajar y poner remedio a situaciones que alteran y alterarán las dinámicas habituales de nuestras personas (profesionales y alumnos).

El teletrabajo -que ha venido para quedarse- en estas circunstancias ahonda en situaciones francamente intensas, emocionalmente hablando. Dudo mucho que alguno de los lectores de esta columna no haya experimentado ya en su entorno síntomas de que las organizaciones están sufriendo el impacto de algunas de sus personas que experimentan ese daño emocional. Situaciones de docentes teletrabajando y calmando a sus alumnos de edades más cortas, al mismo tiempo que tienen a sus propios hijos en casa sin atender afectivamente; docentes que también sufren “en esa vida paralela al COVID” circunstancias personales dramáticas -rupturas amorosas, atención de familiares enfermos, enfados con amistades, etc.- en profundo aislamiento; jornadas intensísimas delante de una pantalla -si es que su grupo está confinado-; ristras ingentes de mails diarios que se agolpan en el correo de uno y la sensación de que las horas del día, pese a que las jornadas se han extendido hasta lo indecible, no dan para contestarlos adecuadamente; o el estado de desánimo permanente que nos inunda; no son excepciones, sino que comienzan a ser una regla muy común entre todos nosotros. Debemos ser conscientes de estas situaciones, y tenemos que ser capaces de trabajarlas y de proponer soluciones que combatan, desde nuestros modestos medios, estos escenarios.
Como uno no es ajeno a todo este tipo de cuestiones, permítanme que regrese a los clásicos -hablo en este caso de los musicales de mi época-, y evoque a algunas de esas canciones que marcaron con mensajes nuestra juventud, y a alguno de esos artistas que tanto nos gustaban, y las ponga en contraposición al consabido “Resistiré” del Dúo Dinámico; pero ya estoy cansado y necesito poder clamar:

¿Dónde estabas entonces
Cuando tanto te necesité?
Nadie es mejor que nadie
Pero tú creíste vencer
Si lloré ante tu puerta, de nada sirvió

Retales de mi vida
Fotos a contraluz
Me siento hoy como un halcón
Herido por las flechas de la incertidumbre,
(Manolo García, El último de la fila)

Y sentir ya, de una vez, que hay hombros amigos donde apoyarse y poder sentir el calor, el afecto y el apoyo ante tanta incertidumbre.
Y es que, en esta situación, en la que lo más normal es sentirse como Ariel Rot nos indicaba

No puedo soportar estar así todos los días
Es siempre la misma rutina ya no aguanto más
Mañana tarde y noche
Se pasan las horas
Tirado en la cama mirando la vida pasar
(Tequila)

Que es la situación del “Gato panza-arriba”. Pero también es habitual encontrarnos con personas viviendo una soledad extrema, agravada por “Filomena”, como Cecilia nos cantaba,

Un copo de nieve
Una lluvia que llueve
Un pensamiento
Un abismo entreabierto
Una palabra callada
Un «lo siento»
Un paso sin huella
Soy un camino que no tiene destino
Una estrella apagada
Así de pequeña soy yo
Nada de nada
(Cecilia)

que viene a ser como cuando Camilo Sesto nos insistía con su,

…y es por eso que mi alma llora
y ya no puedo más
ya no puedo más
siempre se repite esta misma historia
ya no puedo más
ya no puedo más
estoy harto de rodar como una noria
(Camilo Sesto)

En ambos casos se refleja el desamparo, el hastío profundo, la desesperación y la necesidad de romper con ello y volver a gritar al viento, como también nuestros hijas e hijos,

Tiene casi veinte años y ya está
Cansado de soñar
Pero tras la frontera está su hogar
Su mundo, su ciudad
Piensa que la alambrada solo es
Un trozo de metal
Algo que nunca puede detener
Sus ansias de volar
Libre
Como el Sol cuando amanece
Yo soy libre como el mar
Libre
Como el ave que escapó de su prisión
Y puede, al fin, volar
(Nino Bravo)

porque la realidad, es que para nuestra salud mental, debemos ya poder salir, comunicarnos, relacionarnos y, por qué no decirlo,

Hoy para mi es un día especial
Pues saldré por la noche
Podré vivir lo que el mundo no está
Cuando el sol ya se esconde
Podré cantar una dulce canción
A la luz de la luna
Y acariciar y besar a mi amor
Como no lo hice nunca
(Raphael)

Todo se andará. Ahora no se puede. Hay que esperar, tener paciencia, respetar las normas sociales y mantener nuestra responsabilidad individual para atajar esta pandemia, pero desde los centros debemos ser conscientes de que muchos, muchos más de los que nos imaginamos, de nuestros profesionales están tocados emocionalmente y en nuestra responsabilidad está buscar soluciones, abrir válvulas de escape, dar apoyo a quien lo necesite y lo vaya a necesitar porque son el factor fundamental a partir de quienes se desarrolla nuestro proyecto educativo y, en definitiva, porque son “nuestra gente”.

¡Y llévense la dichosa cancioncita a otra parte!

Cuidémosles. Cuidémonos.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

Redacción
Author: Redacción

Redacción de Éxito Educativo, información sobre la actualidad educativa, especialmente toda la relacionada con la gestión lo centros.

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