Una verdad incontestable

covid educación

Ha pasado ya tiempo suficiente para hacer una valoración, sustentada en datos objetivos, sobre lo que ha sido este inicio de curso en los colegios y centros de Educación Infantil de nuestro país.

Debo empezar este artículo asumiendo mi error al profetizar, allá por el inicio de curso, la posibilidad de que se produjera un colapso total del sistema educativo ante la falta evidente de medidas previstas y provistas por unos y otros. Es decir, por las diferentes Comunidades Autónomas y por el MEC. Sin embargo, y en eso no me desdigo, no ha sido precisamente por esa “diligente” labor de unos y otros, sino por la increíble respuesta y el espectacular trabajo que se ha hecho desde los centros para incorporar medidas de seguridad e higiene que han hecho de ellos entornos seguros y confiables. Los datos están ahí. El nivel de propagación del coronavirus en los centros está siendo sensiblemente inferior al que se está dando en otros ámbitos sociales. Se demuestra, una vez más, la importancia del papel de la educación y concienciación en el desarrollo de actitudes que blindan a nuestra sociedad.

Que esta pandemia se debe abordar desde una perspectiva de responsabilidad individual y colectiva no debe ser una sorpresa para nadie. Es una evidencia que aquellos países que tienen más interiorizadas ambas cuestiones arrojan cifras de contagio ostensiblemente mejores que aquellos otros cuya dinámica social está dominada conceptualmente por el “libre albedrío” en las relaciones personales y en el contacto social. Es una vergüenza – no solo de este país- asumir que este coronavirus se expanda mortalmente simplemente porque no hemos sido capaces de trasladar la necesidad de que, como individuos parte de una sociedad, tenemos responsabilidades ante ella, ante el resto de los individuos que la componen y con nosotros mismos.

Se demuestra con ello, además, que las medidas restrictivas y de seguridad que todos los alumnos de las distintas edades de nuestros centros han incluido en su día a día, el cuidado máximo en acentuar las actuaciones de seguridad e higiene, el esfuerzo de adaptación de los espacios y el refuerzo de desarrollo de la acción educativa a distancia para confinar y controlar la pandemia en un entorno “cerrado” son eficientes. ¿Hasta cuándo hemos de esperar a que nuestras autoridades tomen conciencia de ellos y simplemente se pongan a copiar casos de éxito demostrado?

Miren, ya nuestro querido Don Miguel de Unamuno, cuando espetó su famosa frase, ¡Qué inventen ellos! aludía a la escasa capacidad de nuestros dirigentes para introducir innovación en nuestro país, incluso en sus decisiones, y señalaba la incapacidad de éstos para la búsqueda de soluciones originales a problemas reales. Pues bien, señores y señoras políticos, cópiennos, por favor. Sin pudor ni rubor, no es problema, les cedemos el “copyrigth”, pero les rogamos que nos copien y que comiencen a articular medidas lógicas para parar esta catástrofe.

Mientras tanto, me alegro de poder hacer acto de contrición, que no de contracción (hay que ver lo que cambia una letra un mensaje) y asumo muy gustoso y orgulloso de haber errado en mi pronóstico inicial. Gustoso porque eso quiere decir que se hacen las cosas muy bien desde nuestros centros educativos. Y, orgulloso, porque, una vez más, los docentes y profesionales de los mismos, han dado muestras de su vocación y compromiso.

Bravo por todos ellos y ellas, y mi más sincero y público reconocimiento a su labor.

Jaime García Crespo, CEO de Educación y Sistemas

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