Valeriano Sarto (Colegio El Pilar): “No buscamos apellidos ni pedigrí, sino sacar buenas personas”

Valeriano Sarto, director del Pilar de Madrid

Dirigir un colegio emblemático, histórico, tan citado que es, en ocasiones a pesar suyo, un símbolo de determinadas cosas, podría ser un reto para muchas personas. Pero Valeriano Sarto, religioso marianista, dirige el Colegio de Nuestra Señora del Pilar de Madrid, con la misma naturalidad con la que ha dirigido otros colegios de la congregación – el de Logroño o el del Bajo Aragón, en Zaragoza -. Dirigir un colegio de cinco líneas constreñido en una manzana no muy grande, en pleno centro de Madrid y en unos edificios protegidos, en los que apenas se pueden hacer otras obras que no sean las de mantenimiento y consolidación, es toda una aventura logística. Y también, claro, como en cualquier otro centro, una aventura educativa.

El Pilar es un colegio con mucha historia.

El Pilar tiene mucha historia, tiene 115 años y este año justo cumple 100 en este edificio. ¿Uno se puede quedar anclado en el pasado? Si uno ve la estructura física, parece que sí. Ventanales altos, clases poco funcionales… el edificio está protegido. Pero al final los chicos son los chicos de hoy, no los de hace cien años y las familias y los educadores son los de hoy. El colegio no está enganchado en un pasado, y ese pasado es una tradición, que es un valor, o sea que es para bien, pero dentro de esa tradición hay que innovar.

Lo que sí que veo, comparado con otros colegios en los que he estado, es que aquí hay mucha identificación, mucha vinculación con el colegio: ser pilarista, pero no el pilarista rancio, sino el que siente el colegio como algo importante. Por eso también hay muchos hijos de antiguos alumnos. De esa manera hay mucha identificación entre el proyecto educativo que ofrece el colegio y lo que las familias quieren. Para educar la sintonía colegio-familia es importante y aquí se da mucho.

Hay una idea preconcebida sobre el colegio, que es el de los pijos del barrio de Salamanca de Madrid, el colegio de José María Aznar, o de Alfredo Pérez Rubalcaba, o de los ministros, este tipo de cosas. ¿Eso pesa?

Aquí tenemos muy claro que no buscamos apellidos ni pedigrí, que buscamos sacar buenas personas, buenos cristianos también, y que nos da igual el rancio abolengo. Lo que sí es cierto es que desde que hay conciertos, esa especie de élite huyó de los colegios concertados. Los privados, privados, son los que han cogido a esa gente que quería estar como en una burbuja, en un medio determinado.

Nuestro colegio, al ser concertado, ya no hay una selección económica. Sí que hay un contexto de zona, la escolarización favorece la zona y tenemos muchos chavales que son del barrio de Salamanca, eso es cierto.

¿Qué es lo que diferencia al Pilar de otros centros?

Colegio del Pilar de Madrid, capilla de Santa MariaYo diría que somos como todos los de escuelas católicas, tampoco hay que buscar unas diferencias tremendas. Queremos evangelizar, queremos que el colegio sea una plataforma evangelizadora, evangelizar en un sentido muy amplio, o sea, no evangelizar al que ya está evangelizado. Muchas veces somos un lugar de primer anuncio. Acogemos a cada uno con sus motivaciones.

Intentamos presentar el Evangelio de dos maneras, no solamente con la pastoral, también con el diálogo fe cultura, con las clases, con esas actitudes en la relación, que muestran que hay un Dios que te quiere, eso es evangelizar. Ese Dios que te quiere tiene unos medios que son unas personas, los educadores, que como le quieren, pues le exigen, quieren que de lo mejor de sí. Explicarles la buena noticia del Evangelio, eso es lo diferencial de un colegio religioso.

Al final hay una antropología cristiana por la que el hombre se hace en la relación. En la relación con los demás, en la relación con Dios, hay que romper esa imagen de yo me hago a mí mismo. No, yo me hago con otros, y otros me hacen y lo que digo me hace. Desde la gratuidad soy capaz de dar gracias por lo que recibo; desde el servicio soy capaz de poner algo mío para los demás. Eso es un poco lo que va educando.

Luego hay que apuntarse a la LOMLOE, a todas las reformas que hay, pero lo sustancial no cambia.

Estamos un momento de muchos cambios, la LOMLOE, nuevos criterios de evaluación, nuevos currículos… ¿cómo afecta?

Agota un poco porque no has terminado una reforma y ya estás en otra. Por un lado está la improvisación. Para que esta ley no se derogue, hacen un calendario exprés: este año que viene entran los impares, al siguiente todos los pares… se puede ir implantando más poquito a poco, no hace falta tanta prisa, para que los que tienen que dar clase también tengan tiempo de situarse. Se plantea casi como una carrera de velocidad, y es una carrera de fondo.

Luego es verdad que muchas cosas ya estaban más o menos introducidas: todo el tema de las competencias claves, el perfil de salida de los alumnos, o sea que parece que le han puesto un collar nuevo, pero hay muchas cosas que ya estaban.

Colegio del Pilar de Madrid. BachilleratoTambién es verdad que partimos de una ley que empezó con muchos detractores, nosotros los primeros, porque parecía que la concertada tenía un lugar subsidiario de la pública. Es una ley que no nos gusta, pero es una ley que tenemos que sacarle todo el partido. También es un poco complicado de cara a nuestros profesores y de cara a nuestros padres, que se pusieron el lazo naranja de “no a la ley Celáa”, y ahora hay que decirles: señores que la LOMLOE puede tener cosas buenas, vamos a sacar lo bueno que tiene.

¿Qué características tienen que tener los docentes del colegio?

Nosotros solemos decir que en el Pilar tenemos educadores, no solo docentes. O sea que el personal de secretaría, de administración, incluso servicios – es personal nuestro, prácticamente aquí no hay subcontratas, ni en cocina, ni en comedor-, mantenemos que todos educan.

El profesorado, en general, está implicado. Te pongo un ejemplo. El Miércoles de Ceniza prácticamente la ceniza la pusieron los tutores de cada clase. El comedor también lo vigilan también los profesores, hay una implicación grande.

Y yo diría la relación. La relación es para mí lo fundamental, acompañar a cada chaval. En estos 25 años el gran cambio de los colegios, de este en concreto, es dejar de decir ”este chico no es del Pilar”, no tiene el nivel académico, no responde a la exigencia, se tiene que buscar la vida en otro sitio. En este momento el planteamiento es qué hacemos con este chico para que este sea su colegio. Hay un esfuerzo enorme del servicio de orientación, orientadores, PTs, de apoyos, de auxiliares, para que esos chavales puedan tener aquí su sitio, su desarrollo, dando cada uno lo que puede dar. Yo estoy muy contento de la atención a la diversidad del colegio, sobre todo los que van peor. Ahora también estamos empezando a espabilar con los que van por encima, también para atender a esa diversidad para que el que puede dar más, que de más.

Colegio del Pilar de Madrid. Aula de infantil¿Se empieza a notar ya el descenso de la natalidad?

En el colegio directamente no, sigue siendo un colegio muy demandado. Ahora, por ejemplo, tenemos unas 140 solicitudes para cuatro líneas de infantil. Pero nos afecta indirectamente, porque antes escolarizábamos a 25, y ahora la Comunidad de Madrid ha dicho que como hay pocos niños, sólo podemos escolarizar a 20 y dejarán una ratio de aumento hasta 22. Así que partiremos con 88 vacantes en vez de partir con las cien vacantes del año pasado. El descenso de la natalidad nos afecta indirectamente porque ya no podemos ofertar todas las plazas que ofertábamos.

En teoría con menos alumnos por clase mejora la calidad educativa.

Sí, en teoría se atiende mejor a los niños, pero nosotros tenemos el problema de un coste de estructura indirecta tremendo. Los tutores tienen un plus pagado por el colegio, los coordinadores tienen un plus mayor pagado por el colegio… coordinadores tenemos uno por curso, porque al ser un colegio de cinco líneas, hay mucha organización intermedia. Todo eso se mantiene muy bien cuando tienes muchos alumnos, porque el coste es el mismo tengas 25, como en infantil ó 28, como tenemos en primaria con la ratio extendida. Todo eso va a suponer una caída del alumnado potente, calculamos que cuando terminen infantil y primaria serán unos 300 menos. Por un lado, ganas en calidad educativa si tienes menos, ganas en atención personal. Pero pierdes en muchas cosas que hacemos, como desdobles, un nativo en cada clase de inglés… todo eso tendrá que ajustarse si tenemos menos alumnos.

¿Qué hacéis en materia de marketing y comunicación?

Hemos empezado a cuidar mucho más la página web, las redes sociales, la Plataforma Educamos, todas las comunicaciones con las familias. Pero no necesitamos salir en medios, ni nada de eso porque el boca a boca funciona. Si te anuncias parece que tienes un problema de alumnado, pero no tenemos un problema de alumnado.

¿Qué es lo que más te gusta del cole?

La gente, o sea, los educadores, el equipo de dirección que está tremendamente implicado, parece que el colegio es suyo: meten horas, meten ilusión, meten esfuerzo pedagógico. Estoy muy contento de dirigir un colegio con este equipo de dirección. No es un consejo que me aconseje, es un equipo, y como equipo tiramos, a veces nos enfadamos… Un equipo en el que están presentes el administrador, el responsable de Pastoral además del director de cada etapa y el jefe de estudios de secundaria.

¿Cómo crees que debe ser el mejor colegio del mundo?

Que combine la exigencia y la ternura en un estilo mariano. Somos un colegio marianista, que los educadores sean como María. Que esté en contacto con la vida, con lo que pasa fuera, que no sea una especie de burbuja al margen de todo. Que abra puertas a los chavales, que no se las cierre y que esté muy en contacto con las familias. Para mí ese es el ideal de colegio.

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