Victoria Hortelano (Colegio Oficial de Docentes): “Los profesores tienen que cuidarse para poder cuidar a los otros”

El Colegio Oficial de Docentes celebró este fin de semana el I Encuentro Bienestar en Educación que reunió a algunos de los especialistas en este ámbito más reconocidos en España, como Javier Urra, primer Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, o Rafael Bisquerra, pionero en lo que se conoce como orientación psicopedagógica.

En este evento hubo tiempo para conocer también cómo proteger a los menores de los sobresaltos inherentes a internet de la mano de Guillermo Cánovas, o reconocer en la dilatada experiencia de Elvira Congosto la oportunidad que representa para cualificar la experiencia educativa de un centro mejorar previamente el bienestar emocional de los cuadros docentes.

Con Jaime Buhigas hubo ocasión de profundizar en los nuevos modos de renovación pedagógica, mientras que Isabel Serrano puso el acento en la violencia escolar y en cómo evitarla. Ella participó de una mesa redonda sobre el tema que ocupó el Encuentro, en la que hablaron también el orientador Juan de Vicente, la asesora pedagógica del Colegio de Docentes Ana Roa, José Miguel Campos, miembro del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid y Maite Ortiz, directora general de la Fundación SM, moderados todos ellos por la Dircom del Colegio de Docentes, Aurora Campuzano.

No pasó desapercibida la intervención de José Antonio Luego, Decano-Presidente del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, quien centró su ponencia en la salud mental de la infancia y la adolescencia, y en cómo los centros educativos pueden promocionar el bienestar psicológico.

En definitiva, un encuentro que inauguró David Cervera, director general de Bilingüismo y Calidad de la Enseñanza de la Comunidad de Madrid, arropado por el decano del Colegio Oficial de Docentes, Amador Sánchez, organizador del evento del que ÉXITO EDUCATIVO fue media partner, es decir, su medio de comunicación oficial. No en vano, en las próximas semanas se sucederán entrevistas con algunos de los especialistas que intervinieron, en el marco de una acción que tiene como objetivo ofrecer claves para mejorar el bienestar de docentes y alumnos en los centros educativos por medio de la experiencia de sus protagonistas. Y abre la serie este diario con la vicedecana del Colegio Oficial de Docentes, Victoria Hortelano, a su vez directora de la Fundación Colegio de Estudio, heredera de la Institución Libre de Enseñanza.

A finales de 2023, este periódico, junto con Educar es Todo y la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, presentó el I Estudio nacional sobre el estado de ánimo de los docentes, que, precisamente, Julián Roa, decano de Educación de esta universidad, abordó en el encuentro que acaban de celebrar ¿Tanta necesidad tiene la comunidad educativa de bienestar emocionalmente?

Creo que la necesidad existe y todos sabemos que existe mucho más que antes desde la pandemia. Hay estudios que nos dicen que la situación emocional de los alumnos y de los docentes no es la ideal. De todas maneras, nosotros, independientemente de la situación en la que nos encontremos, siempre tenemos que fomentar el bienestar de todas las escuelas. Son lugares en las que convivimos personas de distintas creencias, de distintas maneras de pensar. Las escuelas tienen que ser abiertas, tolerantes, acoger a todas las personas, y tenemos la responsabilidad de fomentar ese bienestar y esa convivencia en todas las escuelas. Es decir, probablemente ahora sea más necesario que hace unos años, pero no podemos perder de vista, independientemente del momento en el que nos encontramos, que la responsabilidad de las escuelas es favorecer el bienestar de todos.

¿Podría decirse que el confinamiento llevó a los directivos de centros educativos a comprender mejor la necesidad de atender también el estado emocional de docentes y alumnos?

Desde luego, nos ha servido a todos para tomar conciencia de lo importante que es cuidarnos, que cuidemos a los alumnos, porque realmente son la pieza más importante de las escuelas. Pero también nos ha servido muchísimo para darnos cuenta de que nosotros, los profesores, tenemos que estar bien, porque tú no puedes cuidar a otra persona si no cuidas de ti mismo. Entonces creo que la pandemia ha servido para esa toma de conciencia. ¿Hemos mejorado? quiero pensar que sí, por lo menos todos los que nos dedicamos a leer a trabajar en mediación escolar y a favorecer que esas relaciones entre todos sean mejores. Ahora tenemos muy presente cómo hemos estado y que esto puede volver a pasar, y que solo vamos a poder pasar por una situación similar en mejores condiciones si en nuestro día a día estamos trabajando hacia el bienestar.

En el ámbito de la convivencia educativa hay quien observa más violencia entre los escolares y mayor tendencia a la depresión entre los profesores. ¿Ha empeorado la escuela respecto a generaciones anteriores?

La sociedad ha cambiado muchísimo. Vivimos deprisa. Las familias de la EGB pasaban mucho tiempo con sus niños. La madre era una de las figuras de la familia, en la mayoría de los casos estaba muy presente en la casa, acompañaba más a los hijos, quienes solían ir a comer a su casa y esto ahora no ocurre. Estamos en una sociedad de las prisas. Creo también que la presencia de la tecnología en la vida personal, no solamente en las escuelas, no ha favorecido unos ritmos lentos para el aprendizaje y que podamos tener relaciones personales más cercanas. Creo que cuando las pantallas tienen tanto protagonismo en nuestras vidas nos estamos perdiendo lo que es la relación personal con el otro. En este sentido, hemos perdido cosas en cuanto a la relación humana y a unos valores quizás de más cercanía, así como darle más importancia, o por lo menos, tener más disponibilidad para estar con esas personas a las que queremos cuidar. No sé si los alumnos son más violentos, pero sí son más sensibles y en la escuela nos ocupamos más del bienestar ahora que antes. Porque nos importa muchísimo que alguien sufra en una escuela por lo que nos esforzamos en que todo el mundo pueda habitarlas como lugares en los que se les va a cuidar y en los que van a poder desarrollar su proyecto de vida ahora y en el futuro.

¿Un psicólogo por escuela sería una solución?

No hablo nunca en términos de soluciones definitivas y menos que recaigan en la responsabilidad de una sola persona. Sí que estoy a favor de que todos los centros educativos tengan un psicólogo o un orientador o un psicopedagogo, personas que ayuden a mejorar la salud emocional, el estado emocional y la salud mental de todos los que estamos en los centros escolares. Pero creo que para mejorarlo todos tenemos que poner de nuestra parte. Es una labor de las familias y también es una labor de los profesores. Los profesores se tienen que formar en educación emocional y los profesores tienen que cuidarse para poder cuidar a los otros. No podemos tampoco esperar que todo recaiga en la figura de un psicólogo ni pensar que esto va a ser una solución. Pienso más en que es una cuestión de que todos pongamos nuestro granito de arena.

Los profesores están hartos de la burocratización, que con las reformas educativas no mejora, sino que empeora. Están hartos de que a lo mejor no tienen el apoyo suficiente de sus cuadros directivos y ahora, encima, quieren que sean también poco menos que orientadores emocionales. No es difícil entender a los sindicatos de docentes que dicen que ‘hasta aquí hemos llegado’.

No digo que quiera que los profesores sean orientadores emocionales, lo que creo es que, para mejorar el bienestar, las personas que más tiempo pasan con los alumnos son los profesores. Entonces, en esa sensibilidad y en ese cuidado, nosotros hemos de tener también esa disponibilidad para seguir aprendiendo. Pero no solamente un aprendizaje académico, el aprendizaje de las materias, sino aprender de las etapas madurativas de los alumnos, de cómo se acompaña, de que cuando un alumno está en una situación vulnerable cómo podemos darle la mano, acompañarlos y hacer que estén mejor. A esto es a lo que me refiero. Siempre va a haber casos en los que tengamos situaciones con los alumnos que debamos derivar al orientador o al psicólogo, pero la detección, el acompañamiento y esa calidez humana, creo que sí, que está en manos del docente y esto es algo que se puede tener, pero que también se puede aprender y que realmente no supone una carga de trabajo, es simplemente una predisposición a querer ayudar y a querer hacer bien nuestro trabajo.

¿Ha perdido el profesor su autoridad y de esos polvos estos lodos? No digo la malentendida autoridad del profesor que lanzaba las tizas a los alumnos o que les golpeaba con una regla. Algunos incluso no se ven respaldados por sus cuadros directivos ni por las autoridades competentes en esto.

Más que de autoridad con respecto a lo que dice de la figura del profesor, con relación al apoyo de las autoridades, yo hablaría de reconocimiento. Es verdad que socialmente todos los docentes, todas las personas, no solo los docentes que se dedican a la educación, deben tener un reconocimiento mucho mejor del que se tiene. Es una labor apasionante, pero cansada y de entrega. Siempre digo que no se puede ser docente solo de 9 a 5, sino que es algo que te llevas a tu casa. Tú no puedes haber estado con un grupo de alumnos y cuando suena el timbre y te vas a casa, cambias totalmente la manera de pensar y te olvidas de ellos. No, te llevas sus problemas y te llevas la realidad.

Tampoco hablaría de autoridad en los términos de que el profesor tenga que imponerse a una clase. Creo que el profesor puede ganarse el respeto de sus alumnos. Me gusta más hablar de respeto, respetándoles a ellos y teniéndoles en una gran consideración. Cuando el profesor mira a sus alumnos como personas merecedoras de un gran respeto ellos te devuelven el respeto que tú les estás dando. Pienso que va mucho más por aquí que por una autoridad y poner en manos de los alumnos el malestar de las aulas. No es tanto el profesor, es el adulto que es el que realmente tiene que encontrar las maneras de que se cree ese ambiente de respeto en el aula.

 

 

 

 

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