¿Y si nos tomamos la salud mental en serio?

salud mental adolescentes

Cada semana escucho a través de diferentes medios, la difícil situación de la salud mental en España, donde sin duda hablando con mis colegas directivos en foros educativos, nos tiene perplejos el aumento de los diagnósticos clínicos en adolescentes.

Reconozco que es un tema que me preocupa por responsabilidad profesional, pero también como padre de una adolescente de quince años, porque me siento en la necesidad de tratar de estar lo más vinculado posible a las necesidades que tienen mis alumnos y desde luego mi hija.

Recientemente ha caído en mis manos, por recomendación de una buena amiga, el libro  “La bulimia me salvó: La historia de trauma, depresión y TCA que nunca quise escribir” y que me está haciendo replantearme, según avanzo en su lectura, la forma en la que los colegios gestionamos las situaciones como las narradas en primera persona por la escritora y protagonista del libro, Lis Valera. Desde luego, lectura muy recomendable para padres y maestros de adolescentes, porque muestra la experiencia sin tapujos y con una escritura fresca y dinámica de los vaivenes emocionales que existen tras la Bulimia adolescente.

Tengo la gran suerte de vivir un momento donde se está gestando un gran cambio silencioso a nivel educativo, y donde desde luego, nuestra sociedad ha evolucionado, sin tiempo a darnos cuenta, hacia un nuevo formato.  Esta realidad cambiante me hace replantearme si realmente tenemos cubiertas las necesidades de nuestros alumnos en el sistema educativo español, ya que asisto alarmado al aumento desproporcionado de intentos de suicidio o autolesiones en cada estadística que nos llega.  No puedo por menos que lanzar un grito de alerta, al ver que en los colegios tenemos que plantear protocolos antisuicidios y realizar seguimientos, trasladando una responsabilidad añadida al educador.

La realidad cambiante de nuestra sociedad, me hace replantearme estos días, si hemos hecho lo correcto como familia, en una sociedad en la que pendularmente variamos nuestros principios sociales y religiosos, y en la que ahora aflora en nuestros adolescentes un problema que no teníamos previsto y que es complejo de definir y atajar, debido también al gran distanciamiento generacional propio del adolescente, que ha existido desde que el mundo es mundo.

Como familias y docentes, me pregunto si estamos realmente preparados para trabajar satisfactoriamente las diferentes necesidades que nos pueden plantear nuestros adolescentes.  Los problemas de salud mental infanto-juvenil no son una novedad, lo sé, pero tras la pandemia tenemos una eclosión sin parangón en nuestro sistema educativo que es cuando menos preocupante.

Sabemos que en nuestras aulas tenemos perfiles con ansiedad, autismo en distintos grados, trastorno bipolar, trastorno negativista desafiante, trastorno de la conducta, depresión, trastornos alimentarios, discapacidad intelectual y esquizofrenia, y un sinfín de nuevas terminologías clínicas que hace necesario una apuesta clara por invertir en los Departamentos de Orientación de los centros, porque estos perfiles son comunes en todos los colegios, no así la presencia del Psicólogo clínico y educativo que ayude a los docentes en la gestión de estos casos.

Hemos consentido que una generación crezca sin límites, con vaga disciplina, educados en la cultura del pelotazo y con escasa tolerancia a la frustración, lo que nos puede hacer tener una generación débil de carácter, proclive a perder el foco en el que centrar su camino vital. Es preocupante tener en España una alta tasa de paro juvenil, con un porcentaje alto de ninis y dónde venimos de una generación anterior en el que nuestras relaciones paterno filiales se basaban en el ordeno y mando. Aquí habla mi yo padre, con los miedos e inseguridades que genera no tener el control de las decisiones que ya toman nuestros hijos y desde luego con una vinculación emocional que seguramente me hace ver mayores los fantasmas de los riesgos que los beneficios de la confianza de haber educado bien a esta generación.

La famosa ley del péndulo, que nos hace polarizar decisiones y comportamientos, encontrando además argumentario y justificación que nos convence y hace sentir seguros, ante la falsa culpabilidad que de ese modo trasladamos siempre a otros agentes sociales o educativos. Por otro lado, tenemos alumnos con ausencia de límites, escaso control de los contenidos que consultan o visionan en sus móviles, donde pueden acceder a pornografía desde edades tempranas entendiendo erróneamente la sexualidad futura con sus parejas y donde observamos un alto repunte del machismo adolescente y desde luego, una falta de comunicación considerable con los adultos. Lo que hace que el adolescensalud mental te actualmente pueda ser una bomba de relojería si no ponemos las bases a retomar de nuevo un modelo basado en la comunicación, los valores y sobre todo el respeto.

La infancia y la adolescencia son etapas en las que se desarrolla el cerebro, las emociones, la personalidad y en la que paulatinamente se van adquiriendo herramientas para hacer frente a situaciones y condiciones emocional y psicológicamente complejas. A estas edades es importante orientar adecuadamente su tiempo de ocio, informando de los riesgos que tienen a su alcance actualmente, ya que se ha normalizado o al menos no se esconden para consumir determinadas sustancias que pueden alterar su estado cerebral despertando problemas latentes que en otro caso no habrían aparecido, como han demostrado recientes estudios sobre la el aumento en la detección de enfermedades mentales en la población británica que pasaba sus ratos de ocio en Ibiza en los 70´s con altos consumos de LSD y cannabis.

Aquí es donde los centros educativos podemos poner nuestro mayor valor, trabajando mediante programas preventivos de educación emocional con nuestros alumnos, potenciando su autoestima y detectando precozmente cualquier tipo de inseguridad que pueda llevar a ser el desencadenante de un proceso de no retorno por consumo de sustancias, problemas alimenticios, o situaciones muy complejas de gestionar, ya que en muchos casos no son regresivas.

Según la OMS, la mitad de los trastornos mentales aparece por primera vez antes de los 14 años y un 75% de estos comienzan antes de los 18 años, de ahí la importancia de potenciar una correcta comunicación con nuestros alumnos y trabajar conjuntamente con nuestras familias.

No olvidemos que las personas adultas estamos obligadas a acompañar a niños y adolescentes en estas etapas y a atender a sus necesidades psicológicas, porque los problemas de salud mental de niños y adolescentes se asocian a dificultades en el desarrollo emocional e intelectual, que difícilmente les darán solución sin ayuda adulta, ya que entran en juego variables que nos exceden, como son las relaciones sociales poco satisfactorias, posible uso incontrolado de sustancias, estilos de vida inestables, una salud sexual y reproductiva deficiente, conductas autolesivas que hacen de la prevención el valor fundamental para poder avanzar en materia de salud mental.

Enrique Escandón, director de Alameda International School

Bibliografía recomendada:

Informe salud mental UNICEF https://www.unicef.org/es/informes/estado-mundial-de-la-infancia-2021

Descargar informe completo https://www.unicef.org/media/108161/file/SOWC-2021-full-report-English.pdf

La juventud opina https://www.voicesofyouth.org/es/breakthestigma

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